4
Mar

Ki Tisá – ¿Qué vale más?

   Publicado por: admin   en General

בס״ד

Ki Tisá – ¿Qué vale más?

Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev

“Lama Hashem iejeré apejá beameja… Sejor leAbraham, leIsjak ulIsrael Avadeja… Vainajem Hashem al haraá asher diber laasot leamó” – “Hashem, ¿porqué se encenderá tu ira contra tu pueblo?… Recuerda a Abraham, Isjak e Israel tus siervos… Y Hashem reconsideró el mal que dijo que haría a su pueblo…” (Shemot 32:11, 13, 14)

* * *

Un Rey muy importante desposa a una novia que, todavía debajo de la Jupá (palio nupcial), engaña a su flamante marido. El Shadjan (casamentero) rompe la Ketubá (contrato matrimonial) y se esmera en convencer al Rey, de perdonar el “desliz”; pero no solo eso, sino que se esfuerza en lograr que el Rey quiera volver a casarse con ella.

* * *

Parece ficción. Pero fue real.

En Shabuot, al entregar Hashem la ToráAm Israel (el pueblo de Israel), se celebró Su boda con el pueblo. Hashem se comprometió con nosotros a amarnos, cuidarnos y consagrarnos como su “pueblo elegido” y nosotros lo aceptamos como nuestro único D’s y nos comprometimos a cumplir la Torá. Y Él nos aclara: “No tendrán otros dioses…” (Shemot 20:3).

Cuarenta días mas tarde, todavía a los pies del monte de Sinai, el pueblo hace un becerro de oro y dice “Este es tu dios, Israel…” (Shemot 31:8). Hashem le dice a Moshé que los va a destruir a todos y va a hacer de él un nuevo pueblo; pero Moshé rechaza esto. Entonces él rompe las Lujot (tablas de la ley) donde estaba escrita la prohibición de hacer idolatría, como si estuviera rompiendo la Ketubá y el compromiso que une al pueblo con Hashem y durante cuarenta días se dedica a convencer a Hashem que nos acepte nuevamente como esposa. Finalmente, luego de escribir la nueva Ketubá, las segundas Lujot, en Iom Kipur se realiza la segunda Jatuná (casamiento).

Increíble, ¿no?

Para entender esto, tratemos de ponernos en el lugar de los personajes. Comencemos con la novia. Dice Shelomó HaMelej en el Cantar de los Cantares“Negra estoy, pero linda…”(Shir HaShirim 1:5). Y explicaron los Jajamim del Midrash: “Negra (sucia), al hacer el becerro; pero linda, al hacer el Mishkán (santuario)” (Shemot Rabá 49:2 y Shir HaShirim Rabá 81).

El pueblo le dice a Hashem: Yo se que “negra estoy”, se que estoy llena de transgresiones y que me alejé mucho de vos, puesto que el pecado del becerro de oro equivale a todos los pecados, ya que el que acepta la idolatría es como que renegara de la Torá completa, (ver Rashi -Bamidvar 15:23 y otros). Pero a pesar de esto, soy “linda”, aun me queda belleza, aun puedo resaltar en mí puntos buenos y con ellos puedo construir el Mishkan.

Las donaciones para la construcción del Mishkan representan esos puntos buenos que los Iehudím podían rescatar dentro de ellos y se los trajeron a Moshé Rabenu para que los ubicara en su lugar. Pero para la base del Mishkan, fue necesario que todos participaran de igual manera, con la donación del Majasit HaShekel (unidad de peso), como está escrito “el rico no aumentará ni el pobre disminuirá” (Shemot 30:15), el que encontró muchos puntos buenos, no podía traer más que el que encontró pocos, sino que hay unos puntos buenos que todos tenemos por igual, son los de esa Neshamá Tehorá (alma pura), que somos Iehudim, hijos deAbrahamIsjakIaakov.

Moshé Rabenu se esmero y sacrificó por nosotros, porque él sabía encontrar esto puntos buenos, aun en el más descarriado. Así hizo Tefilá por nosotros, incluso luego de haber transgredido toda la Torá; ya que incluso luego de esto, él pudo encontrarlos, como le dijo a Hashem“¿porqué se encenderá tu ira contra tu pueblo?”, diciéndole que con esos puntos buenos que encontró, quedó de lado todo el mal, ya que todo el mal que hicieron, no se compara con el poco bien que aun nos quedaba.

Y sigue diciendo: “Recuerda a Abraham, Isjak e Israel tus siervos”Moshé le dice a Hashem, que aunque no hubiera encontrado ese poquito de bien en Am Israel, aun nos queda algo que no podemos perder, que somos los hijos de “Abraham, Isjak e Israel” y ya por eso, todo el mal no cuenta para destruirnos. Y este fue y es el trabajo de todos los Sadikim de cada generación, que nos defendieron frente a Hashem y que nos demostraron nuestro valor, nuestros puntos buenos, para enfrentar a nuestro Ieser Hará (mal instinto).

Y entonces, Hashem, el Rey de reyes, volvió a aceptarnos, por el poco bien que nos quedaba, pero con un valor incalculable, en lugar de quedarse con todo el mal que hicimos que no vale nada, y por eso nos volvió a querer, como está escrito “Y Hashem reconsideró el mal que dijo que haría a su pueblo”.

Shabat Shalom

Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev (adaptado de Likute HalajotHiljot Hashkamat HaBoker1:3)

17
Feb

Terumá – ¿Todo o Nada?

   Publicado por: admin   en General

בס״ד

Terumá – ¿Todo o Nada?

Por Rab Menajem Abdeljak

Se supone que Moshé Rabenu, luego de estar ciento veinte días en el monte de Sinai disfrutando de la máxima revelación Divina al que algún ser humano tuvo acceso alguna vez, estaría en perfecta sintonía con el razonamiento de Hashem. Pero sorpresivamente, nuestros Jajamim nos revelan (Yalkut Shimoní) que en tres oportunidades Moshé se sorprendió y se desalentó ante un pedido de Hashem.

La primera vez, cuando Hashem le indicó que cada uno debe dar una suma como rescate de su propia vida. En aquella oportunidad, Moshé afirmó: ‘Nadie puede dar a Hashem su rescate’ (Tehilim 49:7). ¿Cómo puedes entonces pedirnos esto? ¿Quién podrá pagarlo?

Más adelante, cuando llega la indicación de construir un recinto como morada Divina, Moshé se sorprendió: ‘He aquí que los cielos y los cielos de los cielos, no te pueden contener’ (Melajim 8:27), ¿y Tú me pides una morada en la tierra?

Por último, una vez erguido el Mishkán, Hashem ordena una ofrenda diaria y nuevamente Moshé no logra comprenderlo: ‘Ni el Líbano (sus cedros) bastará para el fuego, ni todos los animales para el sacrificio’ (Ieshaiá 40:16).

He aquí las respuestas de Hashem:

No es como tú piensas Moshé. No necesito grandes fortunas, simplemente exijo media moneda por cabeza y yo los remedio con esto.

No es como tú piensas Moshé, tan sólo les pido veinte tirantes al sur, veinte al norte y otros ocho al oeste y yo me reduzco y me alojo ahí dentro.

No es como tú piensas Moshé, requiero sencillamente dos corderos. Y no juntos, sino que uno por la mañana y uno al atardecer.

El Nabí (Hoshea 14:1) le dice al pueblo Judío: ‘Retorna Israel hacia Hashem, tu Elokim’. Sobre esto el Midrash comenta (Pesikta Rabatí 45:9): ‘Esto es similar a aquel hijo que se alejó de su padre una distancia de cien días de recorrido. Le dijeron sus amigos: “Regresa hacia tu padre”. A lo que el hijo responde: “No puedo caminar tanto”. Entonces el padre le mandó el siguiente recado: “Avanza lo que tus fuerzas te permitan y yo me acerco a ti el resto del trayecto”.

El mensaje es más que claro: Hashem no exige lo que no se puede, lo que nuestras fuerzas no nos permiten. La norma es: “En Hakadosh Baruj Hu ba bitroniá im beriotav – Hashem no ofrece a sus criaturas desafíos imposibles” (Talmud, Abodá Zará 3a).

Existe un error, fuertemente radicado en nosotros, que es el hecho de creer que sólo con acciones extremas y extraordinarias podremos acceder a un mayor nivel espiritual y reparar nuestros errores. Y mientras tanto, seguimos perdiendo tiempo y dejando pasar oportunidades para mejorar y superarnos.

Es como aquel joyero, que mientras estaba atendiendo a sus clientes, ingresó un malhechor y se dio a la fuga con una joya. Desesperado, el comerciante sale tras sus pasos y recupera la alhaja. Al regresar, descubre que “los clientes” no eran más que cómplices y se habían alzado con toda la mercancía de la joyería.

También el Ietzer Hará nos hace creer que si no hacemos grandes Mitzvot no sirve de nada y nosotros, en nuestro afán genuino de corregirnos, nos empeñamos en una misión imposible, que nos quita de las manos aquellas “pequeñas” Mitzvot que cumplíamos antes.

El Mishkán, la “morada” del Rey de los reyes, no era más que una carpa en el desierto. Móvil y frágil. Indudablemente mucho más humilde que la de cualquier rey, gobernante o ministro. Por otro lado, el Bet Hamikdash, grande y majestuoso, era una obra de arte a nivel mundial.

A ciencia cierta, para la infinita grandeza de Hashem, nada sería demasiado y ni siquiera suficiente. Pero de todos modos, el Bet Hamikdash es mucho más adecuado que el Mishkán.

Pero justamente ahí viene la lección: No esperemos hasta llegar y establecernos en Eretz Israel para hacer lo “perfecto”. Cuando lleguemos lo haremos ¿Y mientras estamos en el desierto? Nos arreglamos con lo que podemos y tenemos al alcance de nuestras posibilidades.

¿Cuántas Mitzvot, ofrendas e inciensos se hubiesen perdido de Am Israel si esperábamos hasta poder hacerlo cien por cien? ¿Cuántas personas hubiesen permanecido impuras ó privadas de expiación sin el Mishkán?

La cultura del “todo o nada”, más allá de ser nociva y destructiva en todos los órdenes de la vida, va en absoluto contramano de la idea de la Torá.

Si no puedo estudiar diez horas diarias, estudio cinco. Si no puedo ni eso, entonces tres alcanzan. Y si incluso a ello me veo imposibilitado, entonces será una hora o media. A veces creemos que se hace Jesed teniendo grandes fortunas y magnas organizaciones, nada más incierto, para hacer Jesed hace falta buena voluntad.

El Rab Iaakob Meir Shejter, en su libro Likuté Amarim, cuenta sobre un Iehudí que era muy meticuloso en el cumplimiento de la Mitzvá de Tefilín y permanentemente buscaba profundizar en sus Halajot y perfeccionarse en ella. Constantemente le surgían dudas e inquietudes acerca de si estaba cumpliendo correctamente la Mitzvá. Esto se extendió hasta que el malestar por la incertidumbre lo hizo dejar por completo de colocarse el Tefilín.

Desde ya que no se debe dejar de anhelar la superación continua y el avance hacia las más altas esferas espirituales. Sólo que esto se debe manifestar en nuestra relación con Hashem. Cuando hablamos con Hashem diariamente y le exponemos nuestras inquietudes, es el momento de hacerle llegar los más profundos deseos de progreso. No obstante, en la práctica, siempre trataremos de hacer aquello que tenemos más próximo.

Media moneda por cabeza para remediar las almas de Am Israel. Veinte tirantes al sur, veinte al norte y otros ocho al oeste para la permanencia de Hashem entre sus hijos. Dos corderos, uno por la mañana y uno al atardecer, para limpiar los pecados.

‘Avanza lo que tus fuerzas te permitan y yo me acerco a ti el resto del trayecto’ – dice Hashem.

Cada uno según sus capacidades. Sin amedrentarse y sin desmoralizarse.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en lasenseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

4
Feb

Itró – El encuentro de Moshé y su suegro

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Itró – El encuentro de Moshé y su suegro

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

“Vaiomer el Moshé, ani joteneja Itró ba eleja, eishteja ushne baneja ima. Vaiese Moshé likrat jotenó, vaishtaju, vaishak lo, vaishalu ish lerreehu leshalom vaiabo hahoela” – “Y le dijo a Moshé: Yo, tu suegro Itró, voy hacia ti, junto a tu esposa y tus dos hijos. Y salió Moshé al encuentro de su suegro y se prosternó y lo besó y se preguntaron el uno al otro de sus paces y vinieron a la tienda” (Shemot 18:6-7)

Hashem entrega la Torá a sus hijos. El Monte Sinai está cubierto de nube y fuego y los truenos y relámpagos se hacen sentir con toda su potencia. Todo el mundo tiembla por la revelación del Rey de los reyes. Indudablemente, un evento único en la historia universal. Y Moshé es su indiscutible figura central:

Por orden Divina, el monte es cercado y la entrada queda vedada para todo mortal, excepto Moshé y Aarón. De cualquier modo, a la cima misma, exclusivamente Moshé tiene derecho a acceder.

Luego de tres días de preparativos, un imponente silencio domina al universo entero. Los ángeles suspendieron sus cánticos, los animales, aves, insectos y peces enmudecieron. Las aguas paralizaron su curso y los vientos detuvieron sus rutas. En medio de esta solemne calma, la voz de Hashem se oye en toda su magnitud: “Yo soy Hashem, tu Elokim, que te saqué de la tierra de Egipto” Luego vino la prohibición de adorar idolatrías e imágenes.

Para esa altura, el sobresalto ya había alejado al pueblo, quienes estaban de pié a la base de la montaña, más de setecientos Mil (medida antigua, equivalente a mil doscientos metros), doce por cada palabra y fueron arrimados por los Malaijm (ángeles), quienes también les devolvieron las almas a sus estremecidos cuerpos.

Y no solamente ellos, sino que nuestros sabios nos cuentan que los montes y las colinas cedieron, árboles sucumbieron y los muertos emergieron de sus moradas.

Un solo ser quedó de pie y pudo resistir esta dinámica revelación: Moshé Rabenu. Conversó íntimamente con Hashem y venció a los ángeles en su discusión por la tenencia de la Torá. Sin duda, un ser extraordinario y único.

***

El cardenal Midianita, Monseñor Itró, descubre que sus creencias hasta hoy no eran más que desaciertos y por otro lado, encuentra como verdaderas las ideas de su hija Tziporá, la “judaizada” y de su yerno, Moshé. Al reconocer esto, abandona su tierra y viene al desierto para abrazar la fe judía.

Itró le hace saber a Moshé, por medio de un mensajero, de su llegada. Entonces ocurre lo siguiente: “Y salió Moshé al encuentro de su suegro y se prosternó y lo besó y se preguntaron el uno al otro de sus paces y vinieron a la tienda” (Shemot 18:7).

Ahora, teniendo en cuenta la meticulosidad en la selección de las palabras y las letras de la Torá, nos sorprende esta descripción aparentemente innecesaria. No obstante, como bien lo sabemos, debemos buscar e indagar los aprendizajes que nos pueden dejar cada palabra y referencia de la Torá.

Observe lo siguiente: Moshé, en el máximo pináculo espiritual, por un lado, e Itró, el idólatra, por el otro. Para ser más correctos, Itró ya no era idólatra, pero aún no se había convertido. Así que no caben dudas que prácticamente no existía entre ellos ningún punto en común. Emitían en frecuencias completamente distintas.

El mensaje que Itró le había enviado a Moshé al llegar, decía así: “Yo, tu suegro Itró, voy hacia ti, junto a tu esposa y tus dos hijos” (Shemot 18:6). ¿Moshé no sabía que Itró era su suegro? ¿No iban todos a lo de Moshé? ¿Por qué puntualiza “yo voy hacia ti” y luego agrega a la mujer y los hijos?

En estas palabras se oculta lo que Moshé veía en Itró. No el sacerdote, ni tampoco el idólatra. Ni siquiera el “ex”. Él tan sólo veía a “su suegro” y “voy hacia ti”. Si se quiere, son dos detalles positivos rescatables en Itró.

No gratuitamente tuvo mérito de esta relación con Moshé. Ya cuando él vino a Midián por primera vez, el sacerdote Midianita ya había sido alejado de sus funciones por culpa de su “herejía”. Si bien aún no había llegado a descubrir a Hashem, el sólo hecho de desvelar la mentira y empeñarse en la búsqueda de la verdad, es un punto a favor. Entonces tuvo como recompensa e incentivo, el acercamiento al Tzadik.

Luego de transcurrir unos años, Itró finalmente decide abrazar de lleno la fe de su yerno. Entonces, la idea de abandonar sus honores y errar en el desierto en su afán de adoptar la verdad, es otra de sus grandes virtudes. Como lo puntualiza Rashí: “Beshibjó shel Itró diber hakatub – el versículo nos remarca la alabanza a Itró” Y explica: Que tenía todos los honores del mundo y decidió salir al desierto a escuchar Torá.

Lo que Moshé hace es, dejar de lado la historia y obra de Itró durante tantos años y enfocarse en estos dos puntos positivos. Haber reconocido la inconsistencia de la idolatría y estar dispuesto al sacrificio.

Él no considera desproporcionado con su grandeza y su nivel salir a recibir al ex monje, abrazarlo, besarlo y saludarlo. Todo lo contrario, su grandeza implica la capacidad de acercarse al más bajo, reconfortarlo y guiarlo. Y esto se logra mediante la capacidad de divisar los puntos blancos del petróleo, en vez de los negros de la leche.

Muchas veces se nos cruzan en la vida personas que necesitan de una palabra, de una enseñanza, una aclaración, algo que les ayude a salir de sus tinieblas y comenzar a disfrutar de una vida plena “como Hashem manda”. Independientemente del estilo de vida que esta persona lleve, aún si es observante y aferrado a las indicaciones de la Torá, siempre puede encontrarse en un escollo, como producto de errores y en algún momento decide emerger del mismo.

Pero no nos animamos porque creemos que no hay chance, que nunca va a cambiar, que es demasiado tarde, que no tiene posibilidad de reparar todo el mal que ocasionó, etc. o simplemente, no creemos apropiado “descender” del peldaño de nuestra grandeza imaginaria para “hablar con éste”.

Y en realidad, cuando hacemos lo que debemos y nos acercamos a é, descubrimos un ser humano puro y limpio a quien la vida lo cubrió de capas de lodo y suciedad que nada tienen que ver con su esencia.

Esto se logra mediante concentrarse en sus virtudes, felicitarlo por ellas, incentivarlo a desarrollarlas y maximizarlas. No somos más grandes que Moshé y es muy difícil que nuestro interlocutor sea más bajo que Itró. Y recordemos que lo de Itró, al momento del encuentro, eran sólo intenciones, en la práctica aún no se había producido ningún cambio.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las
enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

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