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Abr

Pesaj – Jaim, el carretero

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Pesaj – Jaim, el carretero

Por Rab Menajem Abdeljak

En la aldea todos conocían a Jaim el carretero. No era una figura destacada, pero sí habitual. Su vida era poco colorida y carente de sentido. No es que fuera discriminado ni mucho menos, pero su lugar siempre fue “al fondo”. Así erraba por todas partes con su pobre carroza y sus debilitados caballos.

Aquel día, podía ser uno más, pero entonces tuvo que hacer un viaje al pueblo cercano. Las lluvias hicieron crecer el río y el puente, bastante deteriorado, sucumbió. Así fue arrastrado jaim por la corriente, quién sabe a donde.

Al enterarse del derrumbe del puente, su mujer y sus hijas comenzaron a buscarlo por doquier, hasta que unos viajeros aseguraron haber visto su cadáver flotando en el río cercano. Su figura estaba completamente dañada, pero gracias a su cabellera fuertemente pelirroja, la labor de la identificación fue sencilla y casi inmediata.

* * *

Eran altas horas de la noche, cuando Jaim llegó a su pueblo. Anteriormente, había sido encontrado y asistido por un campesino de la cercana aldea, quien lo aprovisionó de típicas ropas campestres para cubrirse. Para su gran asombro, ve que el pueblo entero estaba consternado acompañando un funeral mientras las mujeres trataban de contener a su propia mujer e hijas. De inmediato se ubicó tras una gran lápida no muy lejos de allí a ver de qué se trataba.

Frente al fresco sepulcro, uno de los líderes comunitarios comenzó a pronunciar palabras de lamentaciones mientras la comunidad entera permanecía silenciosa y cabizbaja. “Era un hombre excelente, de los más honestos carreteros que hemos conocido alguna vez. Las tarifas siempre se redondeaban a favor de los pasajeros. Sus conocimientos en todas las rutas nacionales e internacionales eran de admirar. Ni que hablar de su esmero y cariño por su familia, como lo pueden ratificar su mujer y sus hijas” Entonces Jaim ve que las miradas se dirigen hacia su familia que lloraba incesantemente.

Por fin descubrió quien era “el fallecido”. Entonces puso mucha atención para saber todo lo que la gente pensaba de él. Para su asombro, sólo decían cosas buenas que nunca pudo escuchar “en vida”. Gente de quien toda su vida sólo escuchó reprimendas, hoy lo elogiaban extraordinariamente.

Cuando terminaron los discursos de amigos y familiares y el público estaba ya a punto de dispersarse, apareció un campesino a quien su gran sombrero apenas dejaba divisar sus ojos y pidió la palabra. Esta le fue concedida y el desconocido dijo: “Yo lo conocí a Jaim como nadie.

Nada de lo que se dijo aquí es cierto. Él era una muy mala persona sin ningún rasgo rescatable”.

El público estaba conmocionado y alguien se acercó para alejar al desubicado. En el forcejeo, a Jaim se le cayó el sombrero. El asombro fue total, nadie podía articular palabra, la “viuda” y las “huérfanas” cayeron desvanecidas al ver “revivir al muerto”.

El carretero aprovecho la sorpresa y con lo más alto que su voz le permitió se dirigió a los presentes: Sí soy yo, Jaim. Y me pregunto: ¿A qué se debe que hasta hoy no tuve el privilegio de escuchar todos esos elogios y buenas palabras que hoy me confirieron generosamente y en su lugar sólo coseché objeciones? ¿Será que hacía falta que me muera para escuchar una buena palabra?

Y la pregunta quedó suspendida allí entre las mudas lápidas…

Me hago eco de la pregunta de Jaim. Realmente, ¿por qué somos tan reacios a emitir una buena palabra?

Por varias razones:

1. Nunca nos enseñaron que era importante. Desde pequeños, las críticas siempre fueron públicas y en voz alta, mientas que las aprobaciones, si existían, eran a puertas cerradas, entre los padres.

2. En el caso de una relación de pareja, por ejemplo, las acciones positivas “son sobreentendidas y no merecen aplausos”.

3. Una combinación de sinceridad y un errado concepto sobre los halagos. Muchas veces, las personas utilizan las aclamaciones personales como adulación, para conseguir lo imposible de otra manera incluso tratándose de metas injustificadas. Como consecuencia de esto, se creó una sensación que las felicitaciones corresponden al ámbito de la falsedad y parecería que esa suerte de comentarios no son bienvenidos, además se teme ser tomado por adulador.

4. La rivalidad, situada innatamente en el ser humano, impide elogiar al semejante.

5. Por último, solemos sólo darnos cuenta de lo negativo en nuestro derredor, entonces la crítica fluye con mayor frecuencia. Además es más simple, no se piensa demasiado antes de criticar, pero para halagar calculamos exhaustivamente “a ver si nos pasamos de la raya”. Los errores no los toleramos, mientras que las virtudes nos parecen obligatorias y no merecedoras de aplausos especiales.

Diría usted, ¿y por qué sí?

Por que es un “combustible” espiritual que influye también sobre lo material. Es un reconocimiento al esfuerzo y a veces, aunque no siempre, también a los resultados. Nos hace bien en el corazón y en el alma y produce acercamiento entre las personas.

Todo hombre y mujer sabe que oír una buena palabra de su pareja es el mayor rédito por el esfuerzo, ya sea en la casa o fuera de ella. El monotonismo y la rutina desgastan física y anímicamente. Lo único que puede reavivar y alentar es una buena palabra de quien está al lado.

Los niños bien saben que si papá ó mamá dicen una buena palabra por un buen puntaje en un examen, por una conducta adecuada, es porque quieren que continúen en dicho sentido y por que creen en su capacidad de así hacerlo.

Un niño que crece en una casa donde los padres se felicitan mutuamente y a los hijos, donde siempre se destaca lo positivo de cada miembro de la familia, crece felizmente. Se forjan en él valores tales como: ser agradecido, apreciar a las personas y Ahabat Israel.

* * *

Al momento de la salida de Egipto, contrariamente a lo que podríamos creer, la situación espiritual del pueblo judío no era para nada óptima. De los comentarios de nuestros sabios se ve claramente que la idolatría se había instalado dentro de los Hebreos al punto tal que el ángel representante de los egipcios le reclamó a Hashem porqué los Iehudim son redimidos y los egipcios castigados si su accionar es idéntico.

El pueblo era consciente de esta situación y se la plantearon a Moshé Rabenu preguntándole: ¿Cómo seremos redimidos si no poseemos buenas acciones y además todo Egipto está infestada de nuestra idolatría?

¿Y qué respondió Moshé? Increíble. Léalo bien. “Dado que Hashem desea que sean redimidos, no presta atención a vuestros errores y vuestra idolatría”.

¿Y qué tenían de bueno los Iehudim en Mitzraim? Nuestros sabios nos cuentan, que a pesar de la esclavitud y el sometimiento, conservaron tres aspectos con mucha valentía: Sus nombres judíos, su idioma y su modo de vestir que los distinguía del resto de los habitantes del lugar.

Si quisiéramos sincerarnos, no preguntaríamos ¿Y de qué vale tener nombre judío, hablar en hebreo y vestir como Iehudí mientras se adora idolatría? A nuestro simple entender es ridículo.

Pero la visión de Hashem, el único que conoce los recovecos del alma y el único facultado para interpretar la esencia de un Iehudí, es distinta a la nuestra. Ya nos hizo saber por medio de su profeta Iejezquel “como las elevación del cielo por sobre la tierra así son elevados mis pensamientos por sobre los vuestros”. Hashem tiene la perspectiva exacta de la realidad, muy por encima de lo que nuestra imaginación puede siquiera comenzar a visualizar, ya ni hablemos de entender.

Y Él entiende que la esencia del Iehudí se mide por sus virtudes aunque sean pocos y no por sus defectos aunque sean cuantiosos. Lo positivo es esencial mientras que lo negativo es externo y circunstancial.

El Iehudí tiene la posibilidad de hacer Teshubá (arrepentirse y cambiar de actitud). Si no lo hace por cuenta propia, Hashem buscará la forma de inducirlo a ello mediante señales de alerta y mensajes que sólo Él sabe. Y si tampoco eso da resultado, entonces ese alma deberá ser lavada de sus impurezas, en éste mundo o en el próximo. Pero de cualquier manera, el mal tiene fecha de caducidad, tarde o temprano desaparecerá.

Lo que no es así con las Mitzvot y las buenas acciones. Esto es un patrimonio eterno que no se pierde jamás. Sus huellas nunca se borrarán y su luz no se apagará de nuestras almas. Quedarán eternamente en nuestro haber y cuando ya habremos resuelto los errores de cualquiera de las formas antes mencionadas, disfrutaremos de ellas por toda la eternidad.

Esta visión, además de ser muy cierta, es indispensable para ayudarnos a corregir y superarnos. Conocer lo trascendental que es para nosotros cada Mitzvá, nos dará valor y coraje para seguir adelante a pesar de nuestros errores. De esta manera no permitiremos que nuestros desaciertos nos desmoralicen en nuestro crecimiento.

Si queremos redimirnos, no debemos prestar atención a los errores. Sólo localizar nuestras virtudes y trabajar para hacer uso de ellas lo máximo posible.

Eso es exactamente lo que hizo Hashem. El conocía perfectamente la gran decadencia del pueblo, pero prefirió evaluarlo positivamente por el sólo hecho de haber conservado sus nombres, su idioma y sus vestimentas. ¿Y por qué lo hizo? Porque ya existía en Él el deseo profundo de redimirnos. Y de esta manera, el pueblo se superó y llegó al cabo de siete semanas a estar listos para recibir la Torá en el monte Sinai.

Aprendamos de Hashem. Siempre que nos acerquemos al prójimo o a nosotros mismos, para tratar de mejorar algo, hagámoslo con la predisposición inicial de querer beneficiar a cualquier precio y concentrémonos en lo positivo para aumentarlo y maximizarlo.

Shabat Shalom y Pesaj Kasher veSameaj

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

17
Mar

Vaikrá – La Tefilá del pobre

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Vaikrá – La Tefilá del pobre

Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev

Venefesh ki takrib korban minja laHashem… – Y un alma cuando acerque una ofrenda de harina ante Hashem…”

¿Cuál es la ofrenda del pobre? A pesar de no poder traer un toro o un cordero o ni siquiera una palomita, Hashem le encontró una alternativa: que traiga una décima parte de Efá (aprox. 2,5 Kg.) de harina y esto es muy grato frente a Hashem, como esta escrito: “Reaj nijoaj laHashem” (fragancia placentera para Hashem). Y no solo esto, sino que Hashem lo considera como si hubiera ofrendado su propia alma, como esta escrito “Venefesh ki takrib sorban minja laHashem…” y como trae Rashi a nombre del Midrash Tanjuma: “Dice HaKadosh Baruj Hu, yo voy a considerar como si hubiera ofrendado su alma” (Tanjuma 94b).

Enseña el Rebe Najman, que lo principal de la Teshubá es anular nuestro orgullo y altanería y sentir nuestra pequeñez frente a Hashem. Y a pesar de sentir nuestra pequeñez, debemos confiar en Su infinita bondad y saber que existe esperanza para todos, y que cualquiera puede hacerse meritorio de acercarse a Hashem desde donde sea que esté.

Explica Rabi Natan, que en esta ofrenda, Hashem nos demuestra que su compasión no tiene limites y que si no podemos hacer Teshubá como seria lo apropiado según nuestras tantas transgresiones; sacrificándonos con ayunos y flagelos, con fervientes Tefilot y lagrimas ardientes; no debemos por esto impedirnos de hacer Teshubá. Porque un poquito de Teshubá también es muy preciado a los ojos de Hashem.

El pobre de la ofrenda de harina simboliza al ‘pobre de Daat (comprensión)’ (ver Talmud Nedarim 41a), que es el pobre de buenas acciones y Mizvot.

Pero a pesar de esto, no debemos amedrentarnos por nuestra ‘pobreza’, sino que debemos fortalecernos al máximo, esforzarnos en lo que podemos y acercar aunque sea una ofrenda de harina, el Korban ani (ofrenda del pobre), muy preciada frente a Hashem.

Y hoy que no tenemos el Bet Hamikdash, y no podemos acercar Korbanot, las ofrendas están sustituidas por la Tefilá, y esto es lo principal de la Teshubá, como dijo el Nabí Hoshea “Tomen con ustedes palabras y regresen hacia Hashem” (Hoshea 14:3)

El Zohar HaKadosh explica que la Tefilá más importante para Hashem y la que primero llega es la Tefilá del pobre, que es cuando la persona realmente siente su bajeza, tanto en lo material como en lo espiritual, y derrama su corazón frente a Hashem, como nos dice David HaMelej: “La Tefilá del pobre cuando está afligido y delante de Hashem derrama sus súplicas…” (Tehilim 102:1).

Y si uno cree que no tiene cabeza o concentración para hablar con Hashem, a pesar de eso que haga su mayor esfuerzo en expresar todos los sentimientos de su corazón frente al Creador, y esto es muy preciado para Hashem, y por esto va a ser meritorio de retornar y acercarse a Él, porque Hashem nunca desprecia la Tefilá del pobre.

En conclusión, debemos reconocer y sentir cuan pobres somos en nuestras acciones pero no por eso desesperanzarnos, sino confiar en la compasión de Hashem y golpear los ‘portones de Shamaim’, como aquel pobre que golpea hasta que le abran. Incluso si vemos que nuestra Tefilá también es incompleta, con malos pensamientos que se nos cruzan, inadecuada, a pesar de esto, debemos recordar que es infinita la compasión de Hashem, nuestro bondadoso Padre, y Él se compadecerá de nosotros y recibirá nuestros pedidos y los colocará en el lugar más elevado, como la ofrenda del pobre, que la considera como si ofrendara su propia alma.

Shabat Shalom

Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev (adaptado de Likute HalajotHiljot Tefilá Minjá 7 e Hiljot Birkat HaReaj 5:8)

בס״ד

Parashat HaJodesh – El pueblo de Israel y la luna

Por Rab Menajem Abdeljak

El Shabat previo a Rosh Jodesh Nisán (o en el mismo si cae en Shabat), se lee, además de la Perashá semanal, la indicación hecha a Moshé y Aarón el día uno del mes, de consagrar éste mes de como “principio de meses”. (Shemot 21)

Ese mismo día, llega la Mitzvá de contarlos meses según el ciclo lunar.

Consagrar el nuevo mes, es de tal importancia, que nuestros enemigos se ensañaron específicamente contra ello poniéndolo al mismo nivel que el Shabat, el Berit Milá y el estudio de la Torá, los pilares de nuestra identidad.

La luna, en su ciclo, representa al Pueblo Judío. Tiene momentos de esplendor y de sombra. Pero es relativo, sólo parece. En la realidad, ella siempre está.

¿Cual es el momento más vital de toda persona y objeto? Sin dudas el momento del comienzo, el momento de lo “nuevo”. La luna también se renueva mes a mes. Pero “luna nueva” es el momento de mayor oscuridad de la luna.

Éste sistema es el particular de Am Israel. En el año mil novecientos cuarenta y ocho de la creación, amanece el sol de Abraham Abinu, tomando conciencia de la existencia de un único Amo al universo. Entonces, es perseguido por el mundo entero. Diríamos que es típico de cualquier nuevo emprendimiento o idea el ser censurado por las personas.

Finalmente, luego de ser arrojado a la hoguera y ser salvado de ella milagrosamente por Hashem, es aceptado forzosamente como una realidad y comienza a predicar su verdad a los cuatro vientos.

La descendencia de Abraham Abinu no siguió su doctrina en su totalidad. Fue Itsjak quien tomó el desafío de propagar esta luz. A su vez, de sus dos hijos, sólo uno sigue sus enseñanzas, Iaakob.

Iaakob, finalmente y muy felizmente, trae al mundo doce hijos, todos Tzadikim, todos dignos de la descendencia de Abraham e Itsjak. Así vemos (Bereshit 47:31) que Iaakob Abinu, en sus últimos días, agradeció a Hashem el hecho de tener todos sus hijos en el buen camino.

Sin dudas, era el momento de mayor auge del “proyecto” de Abraham Abinu. Pero aquí comienza el ocaso. La historia toma un rumbo inesperado y se complica. Iosef es vendido a Egipto y tras sus pasos desciende toda la familia de Iaakob.

Luego comienzan doscientos diez años de espesa noche para los hijos de Israel. Grises nubes se avecinaron y prácticamente extinguieron toda esperanza a un futuro mejor. Esclavizados física, espiritual y moralmente, no ven ninguna salida de la situación.

Entonces llega Moshé Rabenu y les trae el mensaje de Hashem que promete una pronta redención y fin a las penurias.

Pero el pueblo se rehúsa a creer en esta posibilidad. Luego de pruebas presentadas por Moshé, finalmente creen en el inminente amanecer. Como la Torá lo dice: “Vaiaamén haam – y confió el pueblo”.

Cuando llega definitivamente el momento de la salida, Hashem le enseña a Moshé Perashat Hajodesh y en ella nos enseña la fijación de los meses de acuerdo al ciclo lunar.

La luna tiene se ve desde nuestro planeta de tres distintas maneras: Cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante. Pero también tiene su fase de ausencia, justamente señal de nuevo comienzo.

Y sobre éste mes la Torá dice: éste mes será para ustedes principio de meses, primero será para ustedes de los meses del año. Nisán es el comienzo de los meses. Todos expresan el mismo concepto. Jodesh (mes) viene de la palabra Jadash (nuevo).

Todos tenemos tiempos en la vida, algunos agradables y otros no tantos. Cuando va bien, nos alegramos. ¿Y cuando no? Entonces salimos al patio y buscamos la luna del nuevo mes. No dudamos de su existencia, sólo esperamos divisarla.

De esta manera establecieron nuestros Jajamim recitar mes a mes al momento de bendecir a Hashem por la nueva luna:

Bendito eres Tú, Hashem, nuestro Elokim, Rey del mundo, que con Su dicción creó cielos y con el hálito de Su boca todos Sus Ejércitos. Reglamentos y tiempos les entregó a ellos para que no modifiquen sus roles. Regocijados y alegres para hacer la voluntad de Su Dueño. El hacedor de verdades, que Su obra es verdad. Y a la luna le dijo que se renueve cuan corona de belleza para Am Israel quienes también ellos habrán de renovarse como ella y glorificar a su Creador por el honor de Su reinado.

Éste texto nos deja unas cuantas enseñanzas:

  • Hay tiempos y reglamentos para cada cosa y cada uno. Esto se debe a que cada quien tiene su papel. Si se pasan por alto etapas y se apresuran los tiempos, estaremos modificando ese rol.

 

  • Nuestra felicidad y alegría debe emanar de la conciencia que estamos llevando adelante la voluntad de Hashem. Que con el sólo hecho de vivir los diferentes tiempos y aceptarlos, estamos cumpliendo con el plan divino que es indudablemente más ventajoso que el nuestro.

 

  • Y por último, la luna se renueva y su desaparición significa un nuevo comienzo, esto ya lo sabemos. Pero la enseñanza es, que esto Hashem no lo hizo caprichosamente, sino que como señal para nosotros. Una lección de vida. La manera correcta de ver la vida y sus retos.

 

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

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