18
May

Shabuot – Todos somos abanderados

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Shabuot – Todos somos abanderados

Por Rab Menajem Abdeljak

En cada Iehudí hay una cosa preciada y especial, que es un aspecto que no tiene nadie fuera de él, como la historia de Abayé y Aba el enfermero. (Rabí Najman de Breslev, Likuté Moharán 34)

Rabí Najman nos enseña con esto, que cada uno tiene su aspecto singular. Cada uno es una creación única que no existió ni existirá nunca. Esta creación exclusiva, contiene un recado y una novedad para el universo que sólo él puede descifrarla y materializarla.

¿Quién era Aba el enfermero?

El Talmud (Taanit 21b) relata que Aba, el enfermero, recibía diariamente salutaciones celestiales. Abayé, de los grandes sabios del Talmud, las recibía en vísperas de Shabat y su compañero, Rabá, tan sólo en víspera de Yom Kipur.

Entonces Abayé se sintió mal ya que no lograba entender por qué un médico podía disfrutar de mayor privilegio que él, quien consagró toda su vida al estudio y enseñanza de la Torá. Para su gran sorpresa, la respuesta celestial que recibió fue “tú no puedes hacer lo mismo que Aba el enfermero”.

Esta respuesta lo intrigó aún más y salió a averiguar en qué se destacaba éste enfermero. He aquí su descubrimiento:

En dos cosas se destacaba Aba: como primero, tenía una vestimenta especial que le colocaba a las mujeres cuando debía hacerles las prácticas medicinales. La misma cubría todo el cuerpo, dejando solamente una abertura exacta para el procedimiento. De esta manera, preservaba el Tzeniut, el recato y la dignidad de las mujeres.

Como segunda virtud, Aba no cobraba personalmente a sus pacientes, sino que cada uno lo hacía personalmente en una caja situada en la entrada. Para efectuar el pago, había que introducir la mano en la caja y entonces, el que podía pagar lo hacía y el que no, tomaba dinero.

Esta singularidad, éste rasgo individual, ni el gran Abayé podía alcanzar.

En Perashát Devarim encontramos que cada tribu tenía su bandera y cada una era de otro color y con diferentes insignias. Cada cual destacando sus particularidades y capacidades, sus energías y atributos.

También los hallamos diferenciados en las bendiciones que reciben Iaakob ó de Moshé. La tribu de Asher labraba la tierra, Zebulún navegaba los mares en pos de su sustento, Shimón se destacó en la educación y la tribu de Isajar en enseñar la Halajá. Gad en su fuerza y Iehudá en el reinado. Diferentes sectores en el pueblo, cada uno aprovechando al máximo sus aptitudes y virtudes. Todos usufructuando el regalo Divino.

¿Qué los une a todos?

Así cuenta la Torá en dicha Perashá: Cada hombre con su bandera, con sus insignias, según la familia de sus padres, acamparán los hijos de Israel, en derredor al Ohel Moed acamparán. (Bamidbar 2:2)

Es decir, cada quien por su lado, pero todos dirigidos hacia un solo centro – el Mishkán. Hacia allí desde donde irradiaba la luz de la Torá al mundo y desde donde Moshé trasmitía al pueblo las palabras de Hashem. Esa era la médula, el núcleo en torno al cual todo giraba. Sin el Ohel Moed no son más que una aglomeración insignificante de gente, sin destino ni rumbo.

Rabí Jaim Vital , en el Etz Jaim, hablando acerca de la creación, expone que desde el comienzo de la creación, no hay un día igual a otro, ni una hora a la otra y tampoco un segundo a otro. Por consiguiente, el que nace en éste instante, no será parecido en absoluto al nacido el segundo próximo.

Del mismo modo, explica que la creación de cada uno es una necesidad imprescindible y finaliza con esta frase: “La función de la Jelbená en el Ketoret no la puede hacer la Leboná”. (El Ketoret es un incienso que se preparaba en el Bet Hamikdash. La misma estaba compuesta de once especies, de las cuales la Leboná era la más exquisita y la Jelbená la más ruda)

Entonces Abayé, con toda su grandeza, no podía hacer lo mismo que el enfermero, pero no por su incapacidad, sino porque no era su papel a cumplir, sino el de Aba.

De esta manera, aprendemos un fundamento, todos tenemos nuestro Tzadik personal que es aquella fuerza puntual con las que nos dotó Hashem al enviarnos al mundo. Al enfocarnos en ella y esforzarnos por explotarla y desarrollarla, llegaremos a cumplir con la intención para la cual fuimos creados.

Para localizar nuestro Tzadik personal, hay que buscar aquella Mitzvá ó buena conducta que mayor sentimiento tenemos hacia ella y explorar nuestras habilidades y pasiones particulares. Cuando lleguemos a descifrar esto, debemos saber que no es casualidad, sino que es una clara señal de Hashem para que sepamos cual es el punto sobre el cual debemos trabajar y mediante el cual traeremos Su Reino sobre nosotros y sobre el universo entero.

Ya estamos llegando, Beezrat Hashem a Shabuot, el momento de la entrega de la Torá. Aquel día estuvimos todos a los pies del Har Sinai. Sin distinción de edades, clases sociales ó niveles espirituales. Y allí, cuando Hashem nos ofreció la Torá, dijimos todos juntos Naasé Venishmá y nos comprometimos a cumplir con la voluntad del Creador.

Naasé Venishmá. Haremos y luego procuraremos entender. La respuesta fue del pueblo entero al unísono, o sea de cada uno y uno. En tal caso, debería estar escrito en singular, ya que fue la declaración de cada Iehudí individualmente, aunque hayan coincidiendo todos. Cuando los soldados juran fidelidad a la patria, cada uno personalmente dice: “Sí, juro”.

Pero la diferencia reside en que la Torá no es cuestión de cada particular, ya que no hay quien pueda cumplirla íntegramente. Solamente cuando cada particular se esfuerza por llevar adelante su papel de la mejor manera, se genera entre todos el Naasé Venishmá. Haremos, entre todos. Cada uno ocupando su lugar y desarrollando su tarea a la mayor perfección posible.

También las banderas tienen una estrecha relación con Shabuot. Nuestros sabios nos enseñaron que en realidad los mismos Iehudim las pidieron por que lo aprendieron de los ángeles. Cuando se abrieron los cielos para entregar la Torá a Am Israel, ellos vieron que los Malajim estaban agrupados de acuerdo a sus distintas funciones y entonces desearon ser igual a ellos. Se lo solicitaron a Hashem y se les fue concedido.

Conocer cada uno su lugar, sin quitarse responsabilidad ni asumir la que no corresponde, es condición de ángeles.

Feliz Shabuot

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

30
Abr

El éxito es lo de menos

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

El éxito es lo de menos

Por Rab Menajem Abdeljak

Contó Rabí Najman de Breslev: Un hombre contrató empleados para envasar vino. Pero resulta que las barricas estaban perforadas y todo lo que se le echaba era derramado al suelo. Al ver esta situación, los trabajadores dijeron: “¿Qué sentido tiene esforzarse si toda la bebida se pierde?” y se retiraron.

Pero había entre ellos un hombre sabio que razonó: ¿Qué diferencia me hace a donde va a parar el vino? Yo cobro por día y mi remuneración la tendré a pesar de quedar los barriles vacíos.

En nuestro mundo apresurado, preferiríamos siempre cobrar por trabajo más que por día. “Termino el trabajo y me voy a casa” Quien gana su vida como empleado sabe lo fastidioso que resultan los constantes vistazos al reloj esperando que el tiempo pase. Marcar tarjeta y retirarse.

A todos nos gusta ser creativos. Que algo surja de tanto esfuerzo. A los empleados por hora quizás los vemos como conformistas y sin proyectos, que no ven más allá de sus narices.

¿Qué haría usted si sería contratado en la extraña planta de envasado de Rabí Najman?

Aunque partamos desde una base que se paga bien… ¿Quién tiene ganas de pasar día tras día llenando barriles calados?

Quizás nos dirigiríamos al encargado de planta a comunicarle la pérdida y sin dudas desestimaríamos su capacidad para el cargo que ocupa. Y además, seguramente observaremos con rechazo a aquellos empleados insensibles e indiferentes.

Rabí Najman, con sus breves palabras, invierte la visión. A aquel que vemos como “cerebro pequeño”, lo muestra como el verdadero iluminado. Mientras que aquel a quien consideraríamos inteligente, que no está dispuesto al esfuerzo sin réditos, queda como un simple necio e indocto.

En nuestro entorno todo se mide con los éxitos.

Éxitos… ¿Cual es tu jerarquía en la empresa? ¿Eres Dr. en algún área? Supongo que has cursado estudios académicos… Tarjeta de crédito… ¿Visa Oro? ¿MasterCard Platinum? ¿Cuántos pisos tiene el duplex?

Para ser considerados exitosos, debemos saberlo todo. En todo tema debemos tener nuestra opinión formada. Comunicación, entretenimiento, justicia, historia, seguridad, economía, quien subió, quien bajó, etc.

Prácticamente en cada reunión o encuentro, ponemos vastas energías en demostrar nuestro éxito en la vida y cuan importante es el lugar que ocupamos en éste mundo. Frente a la gente, estamos llenos de nosotros mismos a más no poder. Pero solitos, cuando no hace falta impresionar a nadie… ¿no nos sentimos a veces vacíos y frustrados?

Una vieja anécdota cuenta sobre alguien que buscaba adquirir sabiduría. Luego de un largo viaje, llegó a lo de un gran y famoso sabio en busca de enriquecimiento de su sapiencia. Antes que llegue siquiera a articular palabra, el erudito lo invito a un vaso de café. Entonces comenzó el sabio a servir la taza. Sirvió y sirvió hasta que el líquido colmó el vaso y comenzó a mojar la mesa.

- Disculpe – objetó el discípulo – el vaso ya está colmado, no cabe nada más en él.

- Sí hijo mío – confirmó el maestro – has definido correctamente tu situación. Estás tan lleno de ti mismo, que ninguna enseñanza cabe en tu mente. Ve, vacía primero tu vaso y luego vuelve.

Rabí Najman nos habla de una fábrica. No de barriles, de seres humanos. Los barriles en realidad quedan vacíos, pero los empleados se llenan. Se colman de enseñanza. En esta planta, el director no mostrará interés alguno si le hacemos notar el desperfecto en el funcionamiento.

Los toneles están hechos perforados intencionalmente. Lo que ingresa en ellos no es lo que importa. La realidad no debe cambiar, nosotros debemos.

Planificar triunfar, es natural. Fracasar y abandonar, también lo es. Pero persistir a pesar del disgusto, construye al ser humano. Entonces se deja de ser un simple mortal, pasa a ser un ser divino. Se develan fuerzas espirituales, tenacidad y grandeza interior.

“Aprendé a estar vacío” enseña Rabí Najman “no finjas estar lleno” “Cuando estés realmente vacío, cuando todo rebalse hacia afuera, entonces Tú estarás verdaderamente colmado y completo”.

En el otro mundo, el interno, el que Rabí Najman esquematiza, se recibe remuneración por el esfuerzo, por la intención y la buena voluntad. No por los resultados. En el boletín de puntaje, no se señala cuantas tinas llevamos llenadas, sino con cuanto esmero lo intentamos.

Figúrese que en dicho sentido educaríamos a nuestros hijos. Los elogios se los impartiríamos por el sólo intento en cumplir sus deberes, mientras que a los resultados le restaríamos importancia. Imagine que no estaríamos permanentemente exigiéndoles ser más capaces y exitosos de acuerdo a las expectativas que nos hemos estipulado, sino que nos deslumbraríamos del hecho que sinceramente importa, su verdadera intención de ser mejores.

Sin dudas, nuestros hijos serían más felices, más seguros, más creativos de acuerdo a sus propios ritmos y posibilidades.

Y si nosotros mismos nos auto educaríamos de esa manera, sin mortificarnos por no ser inteligentes como fulano, capaces como mengano o adinerados como zutano.

Entonces bien, no viajamos por todos lados, no somos coroneles ni grandes empresarios ni tenemos títulos y gozamos de poco crédito en el banco.

Pero somos felices, tenemos derecho a serlo y tenemos nobles razones para serlo. Hacemos lo que podemos, no competimos con nadie. Lo que poseemos, es lo mejor y lo regocijante.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

8
Abr

Sheminí – ¡Pesaj no pasó!

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Sheminí – ¡Pesaj no pasó!

Por Rab Menajem Abdeljak

Ya levantamos el papel de aluminio de las mesadas y guardamos la vajilla de Pesaj. Todo volvió a la “normalidad”. Volvieron los baguettes, las medialunas, las pizzas y las galletitas. El aparato digestivo agradece por ello y ya descansa del “tormento” al cual lo sometimos durante ocho días.

Todo pasó, la limpieza, las compras, la búsqueda y la quema del Jametz, la Matzá, el Seder, la Hagadá, los relatos sobre los milagros en Egipto, el cantar del Halel

Todo pasó… ¿Y qué quedó?

Cuesta creer que fue sólo por unos días. No puede ser que no nos quede nada de tanta elevación espiritual.

* * *

En esta Perashá leemos las indicaciones que la Torá nos dio acerca de los alimentos permitidos y los que no lo son. Una de estas indicaciones dice que al faenar un animal se lo debe degollar desde el cuello y nunca desde su nuca.

Nuestros sabios en el Midrash hicieron al respecto un comentario muy interesante. Y dijeron así: ¿Qué diferencia le hace a Hashem si degollamos al animal por su cuello o por su nuca? La respuesta es: “Simplemente para pulir a las personas”. Interesante.

Se suelen buscar comentarios y explicaciones lógicas a cada Mitzvá. A veces se puede llegar a entender algo, pero nunca llegaremos a la verdadera razón por la cual Hashem lo ordenó así. Alcanzarlo implicaría poseer la misma capacidad intelectual que el Creador, desde ya imposible.

No obstante, encontramos en el Midrash citado un nuevo enfoque que abarca todas las Mitzvot de la Torá. “Pulir a las personas”. Quitar las impurezas.

Obedecer la voluntad de Hashem, implica dejar de lado la nuestra. Para ir en el camino que Hashem trazó, se nos exige naturalmente no guiarnos por nuestros intereses y deseos. Así se limpia el alma. Así se la purifica.

Al obedecer a Hashem, podemos hacerlo por distintas razones. Puede ser porque nos parece correcto, porque nos gusta o incluso porque nos resulta conveniente. Pero sin dudas, la correcta y más noble de las formas es hacerlo porque Hashem lo quiere así.

Al actuar solamente por obediencia al Creador, nuestro pensamiento está constantemente puesto en Él. Comer o dejar de comer, hacer o no hacer, decir o no decir, porque así lo ordenó Hashem. Estar permanentemente pendiente de Él, refina y limpia el alma.

* * *

En Pesaj hemos incorporado un sinfín de Mitzvot a nuestra Nesahmá (alma).

Ya antes de la llegada del Jag, con la historia de la vajilla, la cocina, el horno, la mesada, la heladera, etc. Cuanto esfuerzo y tiempo invertimos para dejar todo acondicionado. Forrar acá, echar agua allá, cambiar piezas, etc. La limpieza, fregar, raspar, lavar, secar y volver a lavar.

Un capítulo aparte merecen las compras para Pesaj. Las idas y venidas y los altos costos.

Por fin llegó la anhelada noche del Seder, Matzá, Maror, relatar la Salida de Egipto, las cuatro copas, los cánticos y alabanzas, etc. Sólo durante el Seder, el Gaón de Vilna enumera sesenta y cuatro Mitzvot adicionales. Y fuera de Eretz Israel se duplican al hacer el Seder dos veces.

Durante todo el Jag, casi sin querer hemos enriquecido considerablemente nuestra reserva de Mitzvot. Cada vez que nos hemos abstenido de comer algo inapropiado, cada vez que hemos reemplazado la pizza por Matzá, las galletitas por más Matzá y el bizcochuelo por algún sustituto en base a harina de Matzá, hemos sumado un punto en nuestro haber.

Hemos dicho ocho veces Musaf, diez veces Halel, dos veces la Hagadá. Ocho días seguidos leyendo el Sefer Torá.

Tantas Mitzvot, tanta dependencia de la voluntad Divina, no queda en el olvido. La pureza que todo esto ha traído a nuestras almas perdurará más allá de la vuelta de hoja que la hayamos dado al calendario. Perdurará frente al Trono Celestial para recompensarnos cuando y como Él lo considere justo, pero por sobre todo, perdurará dentro nuestro iluminando nuestras almas y dándonos fuerzas para los días “grises” y monótonos del año.

Definitivamente, ¡Pesaj no pasó! ¡No! ¡Pesaj se sumó! ¡Ahora tenemos en nuestra artillería un Pesaj más!

En una edición anterior hemos mencionado ya que nuestras festividades son algo así como “estaciones de servicio” por la cuales pasamos mientras vamos por la “ruta de la vida”. En estas estaciones nos detenemos, cargamos combustible, ponemos el motor a punto y seguimos con renovadas fuerzas.

En estos días estamos como aquel que vuelve de un largo paseo de compras, que al llegar a su casa comienza a ver cada cosa que compró para ubicarla en su lugar y comenzar a darle su utilidad. Del mismo modo, en estos días hemos hecho un muy completo paseo de compras. Hemos adquirido Emuná (fe), Simjá (alegría), Kedushá (santidad), y por sobre todo hemos obtenido entrenamiento en el cumplimiento de la voluntad de Hashem y cada uno individualmente lo que consiguió a nivel espiritual. Lo que debemos hacer ahora es procurar que las compras no queden en las bolsas, sino que sean aplicadas a cada aspecto de nuestras vidas según corresponda.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

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