31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 May 10 - כ"ג אייר תש"ע

Shabuot – Todos somos abanderados

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Shabuot – Todos somos abanderados

Por Rab Menajem Abdeljak

En cada Iehudí hay una cosa preciada y especial, que es un aspecto que no tiene nadie fuera de él, como la historia de Abayé y Aba el enfermero. (Rabí Najman de Breslev, Likuté Moharán 34)

Rabí Najman nos enseña con esto, que cada uno tiene su aspecto singular. Cada uno es una creación única que no existió ni existirá nunca. Esta creación exclusiva, contiene un recado y una novedad para el universo que sólo él puede descifrarla y materializarla.

¿Quién era Aba el enfermero?

El Talmud (Taanit 21b) relata que Aba, el enfermero, recibía diariamente salutaciones celestiales. Abayé, de los grandes sabios del Talmud, las recibía en vísperas de Shabat y su compañero, Rabá, tan sólo en víspera de Yom Kipur.

Entonces Abayé se sintió mal ya que no lograba entender por qué un médico podía disfrutar de mayor privilegio que él, quien consagró toda su vida al estudio y enseñanza de la Torá. Para su gran sorpresa, la respuesta celestial que recibió fue “tú no puedes hacer lo mismo que Aba el enfermero”.

Esta respuesta lo intrigó aún más y salió a averiguar en qué se destacaba éste enfermero. He aquí su descubrimiento:

En dos cosas se destacaba Aba: como primero, tenía una vestimenta especial que le colocaba a las mujeres cuando debía hacerles las prácticas medicinales. La misma cubría todo el cuerpo, dejando solamente una abertura exacta para el procedimiento. De esta manera, preservaba el Tzeniut, el recato y la dignidad de las mujeres.

Como segunda virtud, Aba no cobraba personalmente a sus pacientes, sino que cada uno lo hacía personalmente en una caja situada en la entrada. Para efectuar el pago, había que introducir la mano en la caja y entonces, el que podía pagar lo hacía y el que no, tomaba dinero.

Esta singularidad, éste rasgo individual, ni el gran Abayé podía alcanzar.

En Perashát Devarim encontramos que cada tribu tenía su bandera y cada una era de otro color y con diferentes insignias. Cada cual destacando sus particularidades y capacidades, sus energías y atributos.

También los hallamos diferenciados en las bendiciones que reciben Iaakob ó de Moshé. La tribu de Asher labraba la tierra, Zebulún navegaba los mares en pos de su sustento, Shimón se destacó en la educación y la tribu de Isajar en enseñar la Halajá. Gad en su fuerza y Iehudá en el reinado. Diferentes sectores en el pueblo, cada uno aprovechando al máximo sus aptitudes y virtudes. Todos usufructuando el regalo Divino.

¿Qué los une a todos?

Así cuenta la Torá en dicha Perashá: Cada hombre con su bandera, con sus insignias, según la familia de sus padres, acamparán los hijos de Israel, en derredor al Ohel Moed acamparán. (Bamidbar 2:2)

Es decir, cada quien por su lado, pero todos dirigidos hacia un solo centro – el Mishkán. Hacia allí desde donde irradiaba la luz de la Torá al mundo y desde donde Moshé trasmitía al pueblo las palabras de Hashem. Esa era la médula, el núcleo en torno al cual todo giraba. Sin el Ohel Moed no son más que una aglomeración insignificante de gente, sin destino ni rumbo.

Rabí Jaim Vital , en el Etz Jaim, hablando acerca de la creación, expone que desde el comienzo de la creación, no hay un día igual a otro, ni una hora a la otra y tampoco un segundo a otro. Por consiguiente, el que nace en éste instante, no será parecido en absoluto al nacido el segundo próximo.

Del mismo modo, explica que la creación de cada uno es una necesidad imprescindible y finaliza con esta frase: “La función de la Jelbená en el Ketoret no la puede hacer la Leboná”. (El Ketoret es un incienso que se preparaba en el Bet Hamikdash. La misma estaba compuesta de once especies, de las cuales la Leboná era la más exquisita y la Jelbená la más ruda)

Entonces Abayé, con toda su grandeza, no podía hacer lo mismo que el enfermero, pero no por su incapacidad, sino porque no era su papel a cumplir, sino el de Aba.

De esta manera, aprendemos un fundamento, todos tenemos nuestro Tzadik personal que es aquella fuerza puntual con las que nos dotó Hashem al enviarnos al mundo. Al enfocarnos en ella y esforzarnos por explotarla y desarrollarla, llegaremos a cumplir con la intención para la cual fuimos creados.

Para localizar nuestro Tzadik personal, hay que buscar aquella Mitzvá ó buena conducta que mayor sentimiento tenemos hacia ella y explorar nuestras habilidades y pasiones particulares. Cuando lleguemos a descifrar esto, debemos saber que no es casualidad, sino que es una clara señal de Hashem para que sepamos cual es el punto sobre el cual debemos trabajar y mediante el cual traeremos Su Reino sobre nosotros y sobre el universo entero.

Ya estamos llegando, Beezrat Hashem a Shabuot, el momento de la entrega de la Torá. Aquel día estuvimos todos a los pies del Har Sinai. Sin distinción de edades, clases sociales ó niveles espirituales. Y allí, cuando Hashem nos ofreció la Torá, dijimos todos juntos Naasé Venishmá y nos comprometimos a cumplir con la voluntad del Creador.

Naasé Venishmá. Haremos y luego procuraremos entender. La respuesta fue del pueblo entero al unísono, o sea de cada uno y uno. En tal caso, debería estar escrito en singular, ya que fue la declaración de cada Iehudí individualmente, aunque hayan coincidiendo todos. Cuando los soldados juran fidelidad a la patria, cada uno personalmente dice: “Sí, juro”.

Pero la diferencia reside en que la Torá no es cuestión de cada particular, ya que no hay quien pueda cumplirla íntegramente. Solamente cuando cada particular se esfuerza por llevar adelante su papel de la mejor manera, se genera entre todos el Naasé Venishmá. Haremos, entre todos. Cada uno ocupando su lugar y desarrollando su tarea a la mayor perfección posible.

También las banderas tienen una estrecha relación con Shabuot. Nuestros sabios nos enseñaron que en realidad los mismos Iehudim las pidieron por que lo aprendieron de los ángeles. Cuando se abrieron los cielos para entregar la Torá a Am Israel, ellos vieron que los Malajim estaban agrupados de acuerdo a sus distintas funciones y entonces desearon ser igual a ellos. Se lo solicitaron a Hashem y se les fue concedido.

Conocer cada uno su lugar, sin quitarse responsabilidad ni asumir la que no corresponde, es condición de ángeles.

Feliz Shabuot

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

Publicado el 31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל a las 10:57 am en la categoria Torat Emet. Usted puede recibir los comentarios RSS 2.0 aqui.Puede dejar un comentario, o republicarnos en su propio sitio.

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