Sheminí – ¡Pesaj no pasó!
בס״ד
Sheminí – ¡Pesaj no pasó!
Por Rab Menajem Abdeljak
Ya levantamos el papel de aluminio de las mesadas y guardamos la vajilla de Pesaj. Todo volvió a la “normalidad”. Volvieron los baguettes, las medialunas, las pizzas y las galletitas. El aparato digestivo agradece por ello y ya descansa del “tormento” al cual lo sometimos durante ocho días.
Todo pasó, la limpieza, las compras, la búsqueda y la quema del Jametz, la Matzá, el Seder, la Hagadá, los relatos sobre los milagros en Egipto, el cantar del Halel…
Todo pasó… ¿Y qué quedó?
Cuesta creer que fue sólo por unos días. No puede ser que no nos quede nada de tanta elevación espiritual.
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En esta Perashá leemos las indicaciones que la Torá nos dio acerca de los alimentos permitidos y los que no lo son. Una de estas indicaciones dice que al faenar un animal se lo debe degollar desde el cuello y nunca desde su nuca.
Nuestros sabios en el Midrash hicieron al respecto un comentario muy interesante. Y dijeron así: ¿Qué diferencia le hace a Hashem si degollamos al animal por su cuello o por su nuca? La respuesta es: “Simplemente para pulir a las personas”. Interesante.
Se suelen buscar comentarios y explicaciones lógicas a cada Mitzvá. A veces se puede llegar a entender algo, pero nunca llegaremos a la verdadera razón por la cual Hashem lo ordenó así. Alcanzarlo implicaría poseer la misma capacidad intelectual que el Creador, desde ya imposible.
No obstante, encontramos en el Midrash citado un nuevo enfoque que abarca todas las Mitzvot de la Torá. “Pulir a las personas”. Quitar las impurezas.
Obedecer la voluntad de Hashem, implica dejar de lado la nuestra. Para ir en el camino que Hashem trazó, se nos exige naturalmente no guiarnos por nuestros intereses y deseos. Así se limpia el alma. Así se la purifica.
Al obedecer a Hashem, podemos hacerlo por distintas razones. Puede ser porque nos parece correcto, porque nos gusta o incluso porque nos resulta conveniente. Pero sin dudas, la correcta y más noble de las formas es hacerlo porque Hashem lo quiere así.
Al actuar solamente por obediencia al Creador, nuestro pensamiento está constantemente puesto en Él. Comer o dejar de comer, hacer o no hacer, decir o no decir, porque así lo ordenó Hashem. Estar permanentemente pendiente de Él, refina y limpia el alma.
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En Pesaj hemos incorporado un sinfín de Mitzvot a nuestra Nesahmá (alma).
Ya antes de la llegada del Jag, con la historia de la vajilla, la cocina, el horno, la mesada, la heladera, etc. Cuanto esfuerzo y tiempo invertimos para dejar todo acondicionado. Forrar acá, echar agua allá, cambiar piezas, etc. La limpieza, fregar, raspar, lavar, secar y volver a lavar.
Un capítulo aparte merecen las compras para Pesaj. Las idas y venidas y los altos costos.
Por fin llegó la anhelada noche del Seder, Matzá, Maror, relatar la Salida de Egipto, las cuatro copas, los cánticos y alabanzas, etc. Sólo durante el Seder, el Gaón de Vilna enumera sesenta y cuatro Mitzvot adicionales. Y fuera de Eretz Israel se duplican al hacer el Seder dos veces.
Durante todo el Jag, casi sin querer hemos enriquecido considerablemente nuestra reserva de Mitzvot. Cada vez que nos hemos abstenido de comer algo inapropiado, cada vez que hemos reemplazado la pizza por Matzá, las galletitas por más Matzá y el bizcochuelo por algún sustituto en base a harina de Matzá, hemos sumado un punto en nuestro haber.
Hemos dicho ocho veces Musaf, diez veces Halel, dos veces la Hagadá. Ocho días seguidos leyendo el Sefer Torá.
Tantas Mitzvot, tanta dependencia de la voluntad Divina, no queda en el olvido. La pureza que todo esto ha traído a nuestras almas perdurará más allá de la vuelta de hoja que la hayamos dado al calendario. Perdurará frente al Trono Celestial para recompensarnos cuando y como Él lo considere justo, pero por sobre todo, perdurará dentro nuestro iluminando nuestras almas y dándonos fuerzas para los días “grises” y monótonos del año.
Definitivamente, ¡Pesaj no pasó! ¡No! ¡Pesaj se sumó! ¡Ahora tenemos en nuestra artillería un Pesaj más!
En una edición anterior hemos mencionado ya que nuestras festividades son algo así como “estaciones de servicio” por la cuales pasamos mientras vamos por la “ruta de la vida”. En estas estaciones nos detenemos, cargamos combustible, ponemos el motor a punto y seguimos con renovadas fuerzas.
En estos días estamos como aquel que vuelve de un largo paseo de compras, que al llegar a su casa comienza a ver cada cosa que compró para ubicarla en su lugar y comenzar a darle su utilidad. Del mismo modo, en estos días hemos hecho un muy completo paseo de compras. Hemos adquirido Emuná (fe), Simjá (alegría), Kedushá (santidad), y por sobre todo hemos obtenido entrenamiento en el cumplimiento de la voluntad de Hashem y cada uno individualmente lo que consiguió a nivel espiritual. Lo que debemos hacer ahora es procurar que las compras no queden en las bolsas, sino que sean aplicadas a cada aspecto de nuestras vidas según corresponda.
Shabat Shalom
Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

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