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31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל

El éxito es lo de menos

   Publicado por : admin    en Torat Emet

בס״ד

El éxito es lo de menos

Por Rab Menajem Abdeljak

Contó Rabí Najman de Breslev: Un hombre contrató empleados para envasar vino. Pero resulta que las barricas estaban perforadas y todo lo que se le echaba era derramado al suelo. Al ver esta situación, los trabajadores dijeron: “¿Qué sentido tiene esforzarse si toda la bebida se pierde?” y se retiraron.

Pero había entre ellos un hombre sabio que razonó: ¿Qué diferencia me hace a donde va a parar el vino? Yo cobro por día y mi remuneración la tendré a pesar de quedar los barriles vacíos.

En nuestro mundo apresurado, preferiríamos siempre cobrar por trabajo más que por día. “Termino el trabajo y me voy a casa” Quien gana su vida como empleado sabe lo fastidioso que resultan los constantes vistazos al reloj esperando que el tiempo pase. Marcar tarjeta y retirarse.

A todos nos gusta ser creativos. Que algo surja de tanto esfuerzo. A los empleados por hora quizás los vemos como conformistas y sin proyectos, que no ven más allá de sus narices.

¿Qué haría usted si sería contratado en la extraña planta de envasado de Rabí Najman?

Aunque partamos desde una base que se paga bien… ¿Quién tiene ganas de pasar día tras día llenando barriles calados?

Quizás nos dirigiríamos al encargado de planta a comunicarle la pérdida y sin dudas desestimaríamos su capacidad para el cargo que ocupa. Y además, seguramente observaremos con rechazo a aquellos empleados insensibles e indiferentes.

Rabí Najman, con sus breves palabras, invierte la visión. A aquel que vemos como “cerebro pequeño”, lo muestra como el verdadero iluminado. Mientras que aquel a quien consideraríamos inteligente, que no está dispuesto al esfuerzo sin réditos, queda como un simple necio e indocto.

En nuestro entorno todo se mide con los éxitos.

Éxitos… ¿Cual es tu jerarquía en la empresa? ¿Eres Dr. en algún área? Supongo que has cursado estudios académicos… Tarjeta de crédito… ¿Visa Oro? ¿MasterCard Platinum? ¿Cuántos pisos tiene el duplex?

Para ser considerados exitosos, debemos saberlo todo. En todo tema debemos tener nuestra opinión formada. Comunicación, entretenimiento, justicia, historia, seguridad, economía, quien subió, quien bajó, etc.

Prácticamente en cada reunión o encuentro, ponemos vastas energías en demostrar nuestro éxito en la vida y cuan importante es el lugar que ocupamos en éste mundo. Frente a la gente, estamos llenos de nosotros mismos a más no poder. Pero solitos, cuando no hace falta impresionar a nadie… ¿no nos sentimos a veces vacíos y frustrados?

Una vieja anécdota cuenta sobre alguien que buscaba adquirir sabiduría. Luego de un largo viaje, llegó a lo de un gran y famoso sabio en busca de enriquecimiento de su sapiencia. Antes que llegue siquiera a articular palabra, el erudito lo invito a un vaso de café. Entonces comenzó el sabio a servir la taza. Sirvió y sirvió hasta que el líquido colmó el vaso y comenzó a mojar la mesa.

- Disculpe – objetó el discípulo – el vaso ya está colmado, no cabe nada más en él.

- Sí hijo mío – confirmó el maestro – has definido correctamente tu situación. Estás tan lleno de ti mismo, que ninguna enseñanza cabe en tu mente. Ve, vacía primero tu vaso y luego vuelve.

Rabí Najman nos habla de una fábrica. No de barriles, de seres humanos. Los barriles en realidad quedan vacíos, pero los empleados se llenan. Se colman de enseñanza. En esta planta, el director no mostrará interés alguno si le hacemos notar el desperfecto en el funcionamiento.

Los toneles están hechos perforados intencionalmente. Lo que ingresa en ellos no es lo que importa. La realidad no debe cambiar, nosotros debemos.

Planificar triunfar, es natural. Fracasar y abandonar, también lo es. Pero persistir a pesar del disgusto, construye al ser humano. Entonces se deja de ser un simple mortal, pasa a ser un ser divino. Se develan fuerzas espirituales, tenacidad y grandeza interior.

“Aprendé a estar vacío” enseña Rabí Najman “no finjas estar lleno” “Cuando estés realmente vacío, cuando todo rebalse hacia afuera, entonces Tú estarás verdaderamente colmado y completo”.

En el otro mundo, el interno, el que Rabí Najman esquematiza, se recibe remuneración por el esfuerzo, por la intención y la buena voluntad. No por los resultados. En el boletín de puntaje, no se señala cuantas tinas llevamos llenadas, sino con cuanto esmero lo intentamos.

Figúrese que en dicho sentido educaríamos a nuestros hijos. Los elogios se los impartiríamos por el sólo intento en cumplir sus deberes, mientras que a los resultados le restaríamos importancia. Imagine que no estaríamos permanentemente exigiéndoles ser más capaces y exitosos de acuerdo a las expectativas que nos hemos estipulado, sino que nos deslumbraríamos del hecho que sinceramente importa, su verdadera intención de ser mejores.

Sin dudas, nuestros hijos serían más felices, más seguros, más creativos de acuerdo a sus propios ritmos y posibilidades.

Y si nosotros mismos nos auto educaríamos de esa manera, sin mortificarnos por no ser inteligentes como fulano, capaces como mengano o adinerados como zutano.

Entonces bien, no viajamos por todos lados, no somos coroneles ni grandes empresarios ni tenemos títulos y gozamos de poco crédito en el banco.

Pero somos felices, tenemos derecho a serlo y tenemos nobles razones para serlo. Hacemos lo que podemos, no competimos con nadie. Lo que poseemos, es lo mejor y lo regocijante.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל

Sheminí – ¡Pesaj no pasó!

   Publicado por : admin    en Torat Emet

בס״ד

Sheminí – ¡Pesaj no pasó!

Por Rab Menajem Abdeljak

Ya levantamos el papel de aluminio de las mesadas y guardamos la vajilla de Pesaj. Todo volvió a la “normalidad”. Volvieron los baguettes, las medialunas, las pizzas y las galletitas. El aparato digestivo agradece por ello y ya descansa del “tormento” al cual lo sometimos durante ocho días.

Todo pasó, la limpieza, las compras, la búsqueda y la quema del Jametz, la Matzá, el Seder, la Hagadá, los relatos sobre los milagros en Egipto, el cantar del Halel

Todo pasó… ¿Y qué quedó?

Cuesta creer que fue sólo por unos días. No puede ser que no nos quede nada de tanta elevación espiritual.

* * *

En esta Perashá leemos las indicaciones que la Torá nos dio acerca de los alimentos permitidos y los que no lo son. Una de estas indicaciones dice que al faenar un animal se lo debe degollar desde el cuello y nunca desde su nuca.

Nuestros sabios en el Midrash hicieron al respecto un comentario muy interesante. Y dijeron así: ¿Qué diferencia le hace a Hashem si degollamos al animal por su cuello o por su nuca? La respuesta es: “Simplemente para pulir a las personas”. Interesante.

Se suelen buscar comentarios y explicaciones lógicas a cada Mitzvá. A veces se puede llegar a entender algo, pero nunca llegaremos a la verdadera razón por la cual Hashem lo ordenó así. Alcanzarlo implicaría poseer la misma capacidad intelectual que el Creador, desde ya imposible.

No obstante, encontramos en el Midrash citado un nuevo enfoque que abarca todas las Mitzvot de la Torá. “Pulir a las personas”. Quitar las impurezas.

Obedecer la voluntad de Hashem, implica dejar de lado la nuestra. Para ir en el camino que Hashem trazó, se nos exige naturalmente no guiarnos por nuestros intereses y deseos. Así se limpia el alma. Así se la purifica.

Al obedecer a Hashem, podemos hacerlo por distintas razones. Puede ser porque nos parece correcto, porque nos gusta o incluso porque nos resulta conveniente. Pero sin dudas, la correcta y más noble de las formas es hacerlo porque Hashem lo quiere así.

Al actuar solamente por obediencia al Creador, nuestro pensamiento está constantemente puesto en Él. Comer o dejar de comer, hacer o no hacer, decir o no decir, porque así lo ordenó Hashem. Estar permanentemente pendiente de Él, refina y limpia el alma.

* * *

En Pesaj hemos incorporado un sinfín de Mitzvot a nuestra Nesahmá (alma).

Ya antes de la llegada del Jag, con la historia de la vajilla, la cocina, el horno, la mesada, la heladera, etc. Cuanto esfuerzo y tiempo invertimos para dejar todo acondicionado. Forrar acá, echar agua allá, cambiar piezas, etc. La limpieza, fregar, raspar, lavar, secar y volver a lavar.

Un capítulo aparte merecen las compras para Pesaj. Las idas y venidas y los altos costos.

Por fin llegó la anhelada noche del Seder, Matzá, Maror, relatar la Salida de Egipto, las cuatro copas, los cánticos y alabanzas, etc. Sólo durante el Seder, el Gaón de Vilna enumera sesenta y cuatro Mitzvot adicionales. Y fuera de Eretz Israel se duplican al hacer el Seder dos veces.

Durante todo el Jag, casi sin querer hemos enriquecido considerablemente nuestra reserva de Mitzvot. Cada vez que nos hemos abstenido de comer algo inapropiado, cada vez que hemos reemplazado la pizza por Matzá, las galletitas por más Matzá y el bizcochuelo por algún sustituto en base a harina de Matzá, hemos sumado un punto en nuestro haber.

Hemos dicho ocho veces Musaf, diez veces Halel, dos veces la Hagadá. Ocho días seguidos leyendo el Sefer Torá.

Tantas Mitzvot, tanta dependencia de la voluntad Divina, no queda en el olvido. La pureza que todo esto ha traído a nuestras almas perdurará más allá de la vuelta de hoja que la hayamos dado al calendario. Perdurará frente al Trono Celestial para recompensarnos cuando y como Él lo considere justo, pero por sobre todo, perdurará dentro nuestro iluminando nuestras almas y dándonos fuerzas para los días “grises” y monótonos del año.

Definitivamente, ¡Pesaj no pasó! ¡No! ¡Pesaj se sumó! ¡Ahora tenemos en nuestra artillería un Pesaj más!

En una edición anterior hemos mencionado ya que nuestras festividades son algo así como “estaciones de servicio” por la cuales pasamos mientras vamos por la “ruta de la vida”. En estas estaciones nos detenemos, cargamos combustible, ponemos el motor a punto y seguimos con renovadas fuerzas.

En estos días estamos como aquel que vuelve de un largo paseo de compras, que al llegar a su casa comienza a ver cada cosa que compró para ubicarla en su lugar y comenzar a darle su utilidad. Del mismo modo, en estos días hemos hecho un muy completo paseo de compras. Hemos adquirido Emuná (fe), Simjá (alegría), Kedushá (santidad), y por sobre todo hemos obtenido entrenamiento en el cumplimiento de la voluntad de Hashem y cada uno individualmente lo que consiguió a nivel espiritual. Lo que debemos hacer ahora es procurar que las compras no queden en las bolsas, sino que sean aplicadas a cada aspecto de nuestras vidas según corresponda.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל

Pesaj – Jaim, el carretero

   Publicado por : admin    en Torat Emet

בס״ד

Pesaj – Jaim, el carretero

Por Rab Menajem Abdeljak

En la aldea todos conocían a Jaim el carretero. No era una figura destacada, pero sí habitual. Su vida era poco colorida y carente de sentido. No es que fuera discriminado ni mucho menos, pero su lugar siempre fue “al fondo”. Así erraba por todas partes con su pobre carroza y sus debilitados caballos.

Aquel día, podía ser uno más, pero entonces tuvo que hacer un viaje al pueblo cercano. Las lluvias hicieron crecer el río y el puente, bastante deteriorado, sucumbió. Así fue arrastrado jaim por la corriente, quién sabe a donde.

Al enterarse del derrumbe del puente, su mujer y sus hijas comenzaron a buscarlo por doquier, hasta que unos viajeros aseguraron haber visto su cadáver flotando en el río cercano. Su figura estaba completamente dañada, pero gracias a su cabellera fuertemente pelirroja, la labor de la identificación fue sencilla y casi inmediata.

* * *

Eran altas horas de la noche, cuando Jaim llegó a su pueblo. Anteriormente, había sido encontrado y asistido por un campesino de la cercana aldea, quien lo aprovisionó de típicas ropas campestres para cubrirse. Para su gran asombro, ve que el pueblo entero estaba consternado acompañando un funeral mientras las mujeres trataban de contener a su propia mujer e hijas. De inmediato se ubicó tras una gran lápida no muy lejos de allí a ver de qué se trataba.

Frente al fresco sepulcro, uno de los líderes comunitarios comenzó a pronunciar palabras de lamentaciones mientras la comunidad entera permanecía silenciosa y cabizbaja. “Era un hombre excelente, de los más honestos carreteros que hemos conocido alguna vez. Las tarifas siempre se redondeaban a favor de los pasajeros. Sus conocimientos en todas las rutas nacionales e internacionales eran de admirar. Ni que hablar de su esmero y cariño por su familia, como lo pueden ratificar su mujer y sus hijas” Entonces Jaim ve que las miradas se dirigen hacia su familia que lloraba incesantemente.

Por fin descubrió quien era “el fallecido”. Entonces puso mucha atención para saber todo lo que la gente pensaba de él. Para su asombro, sólo decían cosas buenas que nunca pudo escuchar “en vida”. Gente de quien toda su vida sólo escuchó reprimendas, hoy lo elogiaban extraordinariamente.

Cuando terminaron los discursos de amigos y familiares y el público estaba ya a punto de dispersarse, apareció un campesino a quien su gran sombrero apenas dejaba divisar sus ojos y pidió la palabra. Esta le fue concedida y el desconocido dijo: “Yo lo conocí a Jaim como nadie.

Nada de lo que se dijo aquí es cierto. Él era una muy mala persona sin ningún rasgo rescatable”.

El público estaba conmocionado y alguien se acercó para alejar al desubicado. En el forcejeo, a Jaim se le cayó el sombrero. El asombro fue total, nadie podía articular palabra, la “viuda” y las “huérfanas” cayeron desvanecidas al ver “revivir al muerto”.

El carretero aprovecho la sorpresa y con lo más alto que su voz le permitió se dirigió a los presentes: Sí soy yo, Jaim. Y me pregunto: ¿A qué se debe que hasta hoy no tuve el privilegio de escuchar todos esos elogios y buenas palabras que hoy me confirieron generosamente y en su lugar sólo coseché objeciones? ¿Será que hacía falta que me muera para escuchar una buena palabra?

Y la pregunta quedó suspendida allí entre las mudas lápidas…

Me hago eco de la pregunta de Jaim. Realmente, ¿por qué somos tan reacios a emitir una buena palabra?

Por varias razones:

1. Nunca nos enseñaron que era importante. Desde pequeños, las críticas siempre fueron públicas y en voz alta, mientas que las aprobaciones, si existían, eran a puertas cerradas, entre los padres.

2. En el caso de una relación de pareja, por ejemplo, las acciones positivas “son sobreentendidas y no merecen aplausos”.

3. Una combinación de sinceridad y un errado concepto sobre los halagos. Muchas veces, las personas utilizan las aclamaciones personales como adulación, para conseguir lo imposible de otra manera incluso tratándose de metas injustificadas. Como consecuencia de esto, se creó una sensación que las felicitaciones corresponden al ámbito de la falsedad y parecería que esa suerte de comentarios no son bienvenidos, además se teme ser tomado por adulador.

4. La rivalidad, situada innatamente en el ser humano, impide elogiar al semejante.

5. Por último, solemos sólo darnos cuenta de lo negativo en nuestro derredor, entonces la crítica fluye con mayor frecuencia. Además es más simple, no se piensa demasiado antes de criticar, pero para halagar calculamos exhaustivamente “a ver si nos pasamos de la raya”. Los errores no los toleramos, mientras que las virtudes nos parecen obligatorias y no merecedoras de aplausos especiales.

Diría usted, ¿y por qué sí?

Por que es un “combustible” espiritual que influye también sobre lo material. Es un reconocimiento al esfuerzo y a veces, aunque no siempre, también a los resultados. Nos hace bien en el corazón y en el alma y produce acercamiento entre las personas.

Todo hombre y mujer sabe que oír una buena palabra de su pareja es el mayor rédito por el esfuerzo, ya sea en la casa o fuera de ella. El monotonismo y la rutina desgastan física y anímicamente. Lo único que puede reavivar y alentar es una buena palabra de quien está al lado.

Los niños bien saben que si papá ó mamá dicen una buena palabra por un buen puntaje en un examen, por una conducta adecuada, es porque quieren que continúen en dicho sentido y por que creen en su capacidad de así hacerlo.

Un niño que crece en una casa donde los padres se felicitan mutuamente y a los hijos, donde siempre se destaca lo positivo de cada miembro de la familia, crece felizmente. Se forjan en él valores tales como: ser agradecido, apreciar a las personas y Ahabat Israel.

* * *

Al momento de la salida de Egipto, contrariamente a lo que podríamos creer, la situación espiritual del pueblo judío no era para nada óptima. De los comentarios de nuestros sabios se ve claramente que la idolatría se había instalado dentro de los Hebreos al punto tal que el ángel representante de los egipcios le reclamó a Hashem porqué los Iehudim son redimidos y los egipcios castigados si su accionar es idéntico.

El pueblo era consciente de esta situación y se la plantearon a Moshé Rabenu preguntándole: ¿Cómo seremos redimidos si no poseemos buenas acciones y además todo Egipto está infestada de nuestra idolatría?

¿Y qué respondió Moshé? Increíble. Léalo bien. “Dado que Hashem desea que sean redimidos, no presta atención a vuestros errores y vuestra idolatría”.

¿Y qué tenían de bueno los Iehudim en Mitzraim? Nuestros sabios nos cuentan, que a pesar de la esclavitud y el sometimiento, conservaron tres aspectos con mucha valentía: Sus nombres judíos, su idioma y su modo de vestir que los distinguía del resto de los habitantes del lugar.

Si quisiéramos sincerarnos, no preguntaríamos ¿Y de qué vale tener nombre judío, hablar en hebreo y vestir como Iehudí mientras se adora idolatría? A nuestro simple entender es ridículo.

Pero la visión de Hashem, el único que conoce los recovecos del alma y el único facultado para interpretar la esencia de un Iehudí, es distinta a la nuestra. Ya nos hizo saber por medio de su profeta Iejezquel “como las elevación del cielo por sobre la tierra así son elevados mis pensamientos por sobre los vuestros”. Hashem tiene la perspectiva exacta de la realidad, muy por encima de lo que nuestra imaginación puede siquiera comenzar a visualizar, ya ni hablemos de entender.

Y Él entiende que la esencia del Iehudí se mide por sus virtudes aunque sean pocos y no por sus defectos aunque sean cuantiosos. Lo positivo es esencial mientras que lo negativo es externo y circunstancial.

El Iehudí tiene la posibilidad de hacer Teshubá (arrepentirse y cambiar de actitud). Si no lo hace por cuenta propia, Hashem buscará la forma de inducirlo a ello mediante señales de alerta y mensajes que sólo Él sabe. Y si tampoco eso da resultado, entonces ese alma deberá ser lavada de sus impurezas, en éste mundo o en el próximo. Pero de cualquier manera, el mal tiene fecha de caducidad, tarde o temprano desaparecerá.

Lo que no es así con las Mitzvot y las buenas acciones. Esto es un patrimonio eterno que no se pierde jamás. Sus huellas nunca se borrarán y su luz no se apagará de nuestras almas. Quedarán eternamente en nuestro haber y cuando ya habremos resuelto los errores de cualquiera de las formas antes mencionadas, disfrutaremos de ellas por toda la eternidad.

Esta visión, además de ser muy cierta, es indispensable para ayudarnos a corregir y superarnos. Conocer lo trascendental que es para nosotros cada Mitzvá, nos dará valor y coraje para seguir adelante a pesar de nuestros errores. De esta manera no permitiremos que nuestros desaciertos nos desmoralicen en nuestro crecimiento.

Si queremos redimirnos, no debemos prestar atención a los errores. Sólo localizar nuestras virtudes y trabajar para hacer uso de ellas lo máximo posible.

Eso es exactamente lo que hizo Hashem. El conocía perfectamente la gran decadencia del pueblo, pero prefirió evaluarlo positivamente por el sólo hecho de haber conservado sus nombres, su idioma y sus vestimentas. ¿Y por qué lo hizo? Porque ya existía en Él el deseo profundo de redimirnos. Y de esta manera, el pueblo se superó y llegó al cabo de siete semanas a estar listos para recibir la Torá en el monte Sinai.

Aprendamos de Hashem. Siempre que nos acerquemos al prójimo o a nosotros mismos, para tratar de mejorar algo, hagámoslo con la predisposición inicial de querer beneficiar a cualquier precio y concentrémonos en lo positivo para aumentarlo y maximizarlo.

Shabat Shalom y Pesaj Kasher veSameaj

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)