Itró – El encuentro de Moshé y su suegro
בס״ד
Itró – El encuentro de Moshé y su suegro
Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)
“Vaiomer el Moshé, ani joteneja Itró ba eleja, eishteja ushne baneja ima. Vaiese Moshé likrat jotenó, vaishtaju, vaishak lo, vaishalu ish lerreehu leshalom vaiabo hahoela” – “Y le dijo a Moshé: Yo, tu suegro Itró, voy hacia ti, junto a tu esposa y tus dos hijos. Y salió Moshé al encuentro de su suegro y se prosternó y lo besó y se preguntaron el uno al otro de sus paces y vinieron a la tienda” (Shemot 18:6-7)
Hashem entrega la Torá a sus hijos. El Monte Sinai está cubierto de nube y fuego y los truenos y relámpagos se hacen sentir con toda su potencia. Todo el mundo tiembla por la revelación del Rey de los reyes. Indudablemente, un evento único en la historia universal. Y Moshé es su indiscutible figura central:
Por orden Divina, el monte es cercado y la entrada queda vedada para todo mortal, excepto Moshé y Aarón. De cualquier modo, a la cima misma, exclusivamente Moshé tiene derecho a acceder.
Luego de tres días de preparativos, un imponente silencio domina al universo entero. Los ángeles suspendieron sus cánticos, los animales, aves, insectos y peces enmudecieron. Las aguas paralizaron su curso y los vientos detuvieron sus rutas. En medio de esta solemne calma, la voz de Hashem se oye en toda su magnitud: “Yo soy Hashem, tu Elokim, que te saqué de la tierra de Egipto” Luego vino la prohibición de adorar idolatrías e imágenes.
Para esa altura, el sobresalto ya había alejado al pueblo, quienes estaban de pié a la base de la montaña, más de setecientos Mil (medida antigua, equivalente a mil doscientos metros), doce por cada palabra y fueron arrimados por los Malaijm (ángeles), quienes también les devolvieron las almas a sus estremecidos cuerpos.
Y no solamente ellos, sino que nuestros sabios nos cuentan que los montes y las colinas cedieron, árboles sucumbieron y los muertos emergieron de sus moradas.
Un solo ser quedó de pie y pudo resistir esta dinámica revelación: Moshé Rabenu. Conversó íntimamente con Hashem y venció a los ángeles en su discusión por la tenencia de la Torá. Sin duda, un ser extraordinario y único.
***
El cardenal Midianita, Monseñor Itró, descubre que sus creencias hasta hoy no eran más que desaciertos y por otro lado, encuentra como verdaderas las ideas de su hija Tziporá, la “judaizada” y de su yerno, Moshé. Al reconocer esto, abandona su tierra y viene al desierto para abrazar la fe judía.
Itró le hace saber a Moshé, por medio de un mensajero, de su llegada. Entonces ocurre lo siguiente: “Y salió Moshé al encuentro de su suegro y se prosternó y lo besó y se preguntaron el uno al otro de sus paces y vinieron a la tienda” (Shemot 18:7).
Ahora, teniendo en cuenta la meticulosidad en la selección de las palabras y las letras de la Torá, nos sorprende esta descripción aparentemente innecesaria. No obstante, como bien lo sabemos, debemos buscar e indagar los aprendizajes que nos pueden dejar cada palabra y referencia de la Torá.
Observe lo siguiente: Moshé, en el máximo pináculo espiritual, por un lado, e Itró, el idólatra, por el otro. Para ser más correctos, Itró ya no era idólatra, pero aún no se había convertido. Así que no caben dudas que prácticamente no existía entre ellos ningún punto en común. Emitían en frecuencias completamente distintas.
El mensaje que Itró le había enviado a Moshé al llegar, decía así: “Yo, tu suegro Itró, voy hacia ti, junto a tu esposa y tus dos hijos” (Shemot 18:6). ¿Moshé no sabía que Itró era su suegro? ¿No iban todos a lo de Moshé? ¿Por qué puntualiza “yo voy hacia ti” y luego agrega a la mujer y los hijos?
En estas palabras se oculta lo que Moshé veía en Itró. No el sacerdote, ni tampoco el idólatra. Ni siquiera el “ex”. Él tan sólo veía a “su suegro” y “voy hacia ti”. Si se quiere, son dos detalles positivos rescatables en Itró.
No gratuitamente tuvo mérito de esta relación con Moshé. Ya cuando él vino a Midián por primera vez, el sacerdote Midianita ya había sido alejado de sus funciones por culpa de su “herejía”. Si bien aún no había llegado a descubrir a Hashem, el sólo hecho de desvelar la mentira y empeñarse en la búsqueda de la verdad, es un punto a favor. Entonces tuvo como recompensa e incentivo, el acercamiento al Tzadik.
Luego de transcurrir unos años, Itró finalmente decide abrazar de lleno la fe de su yerno. Entonces, la idea de abandonar sus honores y errar en el desierto en su afán de adoptar la verdad, es otra de sus grandes virtudes. Como lo puntualiza Rashí: “Beshibjó shel Itró diber hakatub – el versículo nos remarca la alabanza a Itró” Y explica: Que tenía todos los honores del mundo y decidió salir al desierto a escuchar Torá.
Lo que Moshé hace es, dejar de lado la historia y obra de Itró durante tantos años y enfocarse en estos dos puntos positivos. Haber reconocido la inconsistencia de la idolatría y estar dispuesto al sacrificio.
Él no considera desproporcionado con su grandeza y su nivel salir a recibir al ex monje, abrazarlo, besarlo y saludarlo. Todo lo contrario, su grandeza implica la capacidad de acercarse al más bajo, reconfortarlo y guiarlo. Y esto se logra mediante la capacidad de divisar los puntos blancos del petróleo, en vez de los negros de la leche.
Muchas veces se nos cruzan en la vida personas que necesitan de una palabra, de una enseñanza, una aclaración, algo que les ayude a salir de sus tinieblas y comenzar a disfrutar de una vida plena “como Hashem manda”. Independientemente del estilo de vida que esta persona lleve, aún si es observante y aferrado a las indicaciones de la Torá, siempre puede encontrarse en un escollo, como producto de errores y en algún momento decide emerger del mismo.
Pero no nos animamos porque creemos que no hay chance, que nunca va a cambiar, que es demasiado tarde, que no tiene posibilidad de reparar todo el mal que ocasionó, etc. o simplemente, no creemos apropiado “descender” del peldaño de nuestra grandeza imaginaria para “hablar con éste”.
Y en realidad, cuando hacemos lo que debemos y nos acercamos a é, descubrimos un ser humano puro y limpio a quien la vida lo cubrió de capas de lodo y suciedad que nada tienen que ver con su esencia.
Esto se logra mediante concentrarse en sus virtudes, felicitarlo por ellas, incentivarlo a desarrollarlas y maximizarlas. No somos más grandes que Moshé y es muy difícil que nuestro interlocutor sea más bajo que Itró. Y recordemos que lo de Itró, al momento del encuentro, eran sólo intenciones, en la práctica aún no se había producido ningún cambio.
Shabat Shalom
Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las
enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

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