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31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 November 10 - ל' חשון תשע"א

Vaiesé – Estirar las alas y volar…

   Publicado por : admin    en Torat Emet

בס״ד

Vaiesé – Estirar las alas y volar…

“Vaiajalom, vehiné sulam musab arsa, vebroshó maguía hashamaima; vehiné malajé Elokim olim veioredim bo; vehiné Hashem nisab alav, vaiomer hiné Hashem… vehiné Anojí imaj, ushmartija vejol asher telej… lo eezveja ad asher im asiti et asher dibarti laj.” “Y soñó, que había una escalera apoyada en la tierra y su cabecera llegaba hasta el cielo; y los ángeles de Elokim subían y bajaban por ella; Y Hashem estaba sobre el y le dijo: Yo soy Hashem… voy a estar contigo y voy a cuidarte en todo lo que andes… no te abandonaré hasta que haga lo que dije respecto a ti” (Bereshit 28:12, 13, 15)

Un niño observaba la oruga de una mariposa que intentaba abrirse paso a través de una pequeña abertura en el capullo. Estuvo largo rato contemplando cómo se esforzaba. Al ver su gran esfuerzo, decidió ayudarla y con una tijera ensanchó el orificio del capullo y la mariposa salió fácilmente. Pero su cuerpo estaba blanquecino, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El niño esperaba que, en cualquier momento, sus alas se abrieran y se echaría a volar. Pero no. La mariposa se arrastraba lastimosamente su cuerpo débil y sus alas encogidas y al las pocas horas quedó sin vida. Aquel niño no comprendió que el esfuerzo era necesario para que la circulación sanguínea de su cuerpo llegara a las alas y todas sus extremidades.

Justamente, es el esfuerzo lo que necesitamos en nuestra vida. Si Hashem nos permitiese vivir sin obstáculos, quedaríamos inválidos. Nunca llegaríamos a nuestra plenitud.

Y enseña el Rebe Najman de Breslev, que esto no es solamente para temas físicos o materiales, sino principalmente en temas espirituales.

Existen fuerzas de tumá (impureza) que impiden al Iehudí acercarse a Hashem, como la cáscara que rodea a la fruta. Estas cáscaras que nos rodean se presentan como deseos físicos o materiales, inconvenientes y complicaciones. Nublan nuestra percepción de Hashem, de Su presencia y Sus favores, y nos confunden respecto de la apreciación del mundo y de la vida.

Uno de los principales ejemplos de esta confusión, es respecto de la definición del éxito. Solemos creer que el éxito se mide en función de los logros; cuantos mas logros uno obtiene, más exitoso es. De esta manera, no importa el esfuerzo, ni los intentos fallidos, ni tampoco importa los “medios” para obtener los logros. Esto puede ser más o menos aceptable cuando se trata de asuntos materiales, siempre y cuando sea lícito dentro de la Halajá (ley Judía), éticamente correcto y respete las normas legales del país. Pero aplicar esta “regla” para medir los logros espirituales, es un rotundo error.

Nuestros Sabios nos enseñaron que el éxito se mide según el esfuerzo, mientras que el logro es solo un regalo de Hashem, un estímulo para seguir invirtiendo nuestros esfuerzos en Avodat Hashem (servicio al Creador). En caso de no poder lograr el objetivo deseado, esto no es debido a que no sea para nosotros o que Hashem nos esté rechazado, sino a que Él quiere nuestro esfuerzo y solamente debemos persistir.

El Rebe Najman va más allá, y nos enseña que, para que la persona pueda ascender espiritualmente, es natural pasar por un descenso, donde se incrementan los pensamientos negativos y las dificultades. Esto es debido a que las fuerzas de la impureza se “despiertan” y se refuerzan para no permitirle ascender. Y en esto se pueden equivocar los que quieren servir a Hashem, cuando ven que se acrecientan las dificultades.

Y así, cuando la persona se mantiene en su voluntad de servir a Hashem y se fortalece a pesar de su descenso y vence a sus deseos y sortea los inconvenientes, se produce el crecimiento espiritual. Pero si la persona cree que Hashem no quiere su servicio, y se desanima, entonces el descenso se convierte en una caída.

En esencia, el descenso es un Jesed (bondad) de Hashem, para que logremos el objetivo a través de nuestro propio esfuerzo.

Pera fortalecernos en la voluntad de servir a Hashem y romper con la kelipot que nos rodean, y así poder acceder al siguiente nivel, el Rebe nos aconseja: recordar la grandeza de Hashem, los favores que hizo con nosotros hasta ahora, los logros que nos hizo “saborear”, alegrarnos por ello y alegrarnos con alegría de Mizvá (preceptos), alegrarnos al recordar que tuvimos el mérito de haberLo servido, aunque sea poco, en lo que logramos servirLo, de habernos podido acercar a los Sadiké Emet (verdaderos Justos) y las Mizvot (preceptos) que logramos hacer hasta ahora, las palabras de Tefilá (plegaria) que pudimos decir o el estudio de Torá que logramos.

Y esto es lo que Rabí Natan encontró en el sueño de Iaacov: Y soñó, que había una escalera apoyada en la tierra y su cabecera llegaba hasta el cielo, este es el camino de Iehudí desde el nivel inferior hasta el superior en el que debe ascender nivel a nivel, escalón a escalón, como en una escalera; y los ángeles de Elokim, que son los servidores de Hashem, o sea, nosotros, subían y bajaban por ella, los que se mantienen fuertes, los que aprovechan los descensos para crecer, ellos suben por ella, mientras que los que se rinden y no se fortalecen ante los descensos, bajan por ella misma; Y Hashem estaba sobre el y le dijo, nos hizo saber muchas veces mediante los Sadikim: Yo soy Hashem, yo puedo hacer esto que te estoy diciendo, … voy a estar contigo y voy a cuidarte en todo lo que andes, Hashem nos garantiza que cuando nos ponemos fuertes y nos esforzamos a pesar de los descensos, Él va a ayudarnos hasta que lleguemos al nivel superior… no te abandonaré hasta que haga lo que dije.

Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev (Likuté Moharán I:25 – Likuté Halajot – hiljot Mataná 4)

31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 November 10 - ל' חשון תשע"א

Toledot – Sujetar el talón de Esav

   Publicado por : admin    en Torat Emet

בס״ד

Toledot – Sujetar el talón de Esav

“Veajare jen iasá ajiv veiadó ojezet baakev Esav…” “Y luego salió su hermano y su mano sujetaba el talón de Esav” (Bereshit 25:26)

Estamos transitando los tiempos denominados por nuestros sabios Ikbetá Demeshijá (literalmente: los talones del Mashiaj, conceptualmente: los tiempos previos a la llegada del Mashiaj). Estos tiempos se caracterizan por complicaciones y dificultades en todo lo relacionado con lo espiritual. Cuando decimos “son otros tiempos”, “antes era más fácil”, es un claro indicio de Ikbetá Demeshijá. La falta de educación, la falta de consideración de parte de gran parte de la adolescencia, también son síntomas típicos de Ikbetá Demeshijá.

El Talmud (Sotá 49b), enumera diversas características de estas épocas: la inflación, la ausencia de la verdad, los pleitos familiares, el menosprecio hacia los que quieren superarse en el camino de Hashem, (el famoso “no seas exagerado”, “fanático”), nadie acepta que le señalen sus errores, los hijos no se avergüenzan frente a sus padres, etc., todos síntomas claros y tangibles en nuestros tiempos. A todo esto se le debe sumar, la falta de Sadikim, la ausencia de clarividencia, la confusión de conceptos.

Ya estuvimos por todo el mundo, exiliados en todos los confines del planeta, vimos distintas culturas y convivimos con las diversas civilizaciones. Hemos confiado en todas las potencias de turno y probado todas las corrientes políticas. Y en lo individual, intentamos mil y una maneras para salir de nuestras perplejidades. ¿Quién no tiene impedimentos en su progreso espiritual?

Permanentemente leemos y escuchamos que se debe y que no, que está bien y que está mal. Gracias a Hashem, hoy es más fácil acceder al estudio de la Torá, libros en varios idiomas, material virtual, Shiurim de importantes Rabanim por doquier, en fin la información no es lo que escasea. Lo qué si falta, lamentablemente, es el ¿cómo? ¿Qué hago con tanta información, si en la práctica no me sale y todo queda en teoría? ¿Cómo salgo de este pantano? Esta es la dificultad, falta la conexión entre el conocimiento y las acciones.

En síntesis, un trabajo nada sencillo, un camino arduo y espinoso. Cuadro lúgubre, ¿verdad? ¿Qué hacemos entonces? ¿Nos resignamos? El Talmud, en la cita mencionada, concluye la sombría descripción con el siguiente enunciado: “Veal Ma Iesh Lanu Lehishaén, Al Abinu Shebashamaim – ¿En que nos resta apoyar? en nuestro Padre Celestial”. Esta es la frase, aquí está la clave. Es verdad, nunca hubo otra opción más que invocar la ayuda de Hashem, pero nunca tan claro y evidente. A esta altura de los acontecimientos, cualquiera ya sabe y nota claramente que no existe otro remedio que el heredado de Iaakob Abinu: “Hakol kol Iaakob – la voz de Iaakob”. La voz de Iaakob, es la fuerza de la Tefilá (ver Talmud Guitín 57b). Para una sincera Tefilá, es imprescindible una fuerte y clara Emuná, una firme e inamovible convicción que nos lleve a depositar todas nuestras esperanzas y confianza exclusivamente en Hashem.

La afirmación de nuestros Jajamim: “¿En que nos resta apoyar? en nuestro Padre Celestial”, es la medicina, el antídoto, lo que nos ayudará a sortear todas las piedras en el camino. Las piedras están e indudablemente tropezaremos con ellas, pero luego nos incorporaremos, vigorizados y mejor adiestrados para seguir progresando.

Para esto no hay recetas mágicas, ya lo hemos comprobado. No existen medicinas instantáneas, ya lo constatamos. ¿Y cuál es efectivamente la solución? Solamente la Tefilá, esta extraordinaria arma que hemos heredado de Iaakob, solo ella puede llevarnos hacia aguas tranquilas.

Cuando nos referimos a Tefilá, no nos referimos a “la Tefilá” del Sidur, aquella que conocemos y que fue compaginada y diseñada para que todo Iehudí la recite diariamente. Estamos hablando de otra Tefilá, de la más antigua (ver Rambam Tefilá cap. 1), de aquella que emerge de lo más profundo del corazón y abre los cielos para exponer nuestros deseos frente al Trono Divino. Es lo que se conoce en las escrituras del Rebe Najman como “Hitbodedut

Conversar con Hashem en mi idioma, con mi vocabulario y mi singular estilo, esto es Hitbodedut, “como conversar con un íntimo amigo”.

No solamente en tiempos dificultosos, cuando las cosas se tornan complicadas, sino a diario hay que buscar un momento y un lugar tranquilo y ahí con tus simples palabras conversar con Hashem.

Ahora observemos cómo la Torá ocultó todo esto maravillosamente en cuatro palabras: “Veyadó ojezet baakev Esav – Y su mano sujetaba el talón de Esav”. Su mano, es la mano de Iaakob. ¿Qué representa la mano de Iaakob? La Tefilá, tal como vemos cuando Moshé Rabenu lidió la guerra contra Amalek, mantuvo sus manos en alto durante todo el día y nuestros sabios explican (ver Targum Shemot 17:12) que estuvo invocando la ayuda de Hashem, estuvo haciendo Tefilá. Si la Tefilá la aprendimos de Iaakob, entonces sus manos inequívocamente son su fiel representación.

Por otro lado, nuestros sabios llaman a nuestros tiempos “talones” por ser el final y nosotros estamos en el cuarto Galut (exilio) denominado el Galut de Esav. Por lo tanto, estamos en los talones de Esav. Y es más, estamos “bajo” los talones de Esav, estamos siendo pisoteados por su perversión, por su inmoralidad, por todo lo nocivo que vivimos como resultado de su perversa doctrina con la que corrompe e intoxica nuestro mundo permanentemente.

¿Cómo detenemos este torrente maligno? ¿Cómo logramos protegernos para no sucumbir bajo las botas de este gigante malvado? ¿Cómo nos desencadenamos de este mal que tan atados e inválidos nos mantiene? ¡Hay que sujetarle el talón a Esav! ¡Hay que detenerlo! debemos tomarnos un momento diario para reflexionar sobre nuestra situación y verter nuestro corazón frente a “Papá”. En ese momento no se escatiman palabras, no se escasean esfuerzos en exponer todo nuestro pesar frente a Hashem; quien, con seguridad, si perseveramos en esta conducta, nos enviará su luz para orientarnos; como dijo David HamelejShelaj oreja vamitejá hema ianjuni – envía tu luz y tu verdad para que me guíen”. Entonces también venceremos el poder de Esav y traeremos al universo el Reino único del Rey de los reyes, pronto en nuestros días.

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 November 10 - ל' חשון תשע"א

Jaié Sarah – El elefante amarrado

   Publicado por : admin    en Torat Emet

בס״ד

Jaié Sarah – El elefante amarrado

“Vaihu jaié Sarah mea shana, veesrim shana vesheva shanim, shene jaié Sarah” “Y fue la vida de Sarah cien años y veinte años y siete años, los años de la vida de Sarah” (Bereshit 23:1)

Era a los cien años como a los veinte y a los veinte como a los siete (Rashi y Bereshit Rabah 58)

Un niño fue al circo a ver una actuación. Durante la función del elefante, la enorme bestia hacía gala de un tamaño, peso y fuerza descomunales. Pero ni bien terminaba, lo ataban pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas. El niño observó que el animal podría liberarse con facilidad de la estaca y huir, pero no lo hacía, ni lo intentaba. Preguntó a su padre y a otras personas, hasta que el entrenador le dio la siguiente respuesta: “El elefante no escapa porque ha estado atado a una estaca como esta desde que era muy pequeño. En aquel momento, el elefantito empujó y sudó tratando de soltarse, pero aquella estaca era demasiado sólida para él. Al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día y al otro… hasta que, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.”. Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa, porque… cree que no puede… Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer y jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Nunca intentó volver a poner a prueba su fuerza.

El Rebe Najman de Breslev nos advirtió que, en Avodat Hashem (servicio al Creador), está “Prohibido ser anciano”, no hay que quedarse en lo que estamos acostumbrados, sino que debemos renovarnos. Expresiones como “Ya estoy grande para esto”, “No puedo cambiar”, “Yo soy así”, “Así hice toda mi vida”, “Esto no es para mi”… no pueden ser dichas respecto a Avodat Hashem.

Ya Jajamim (nuestros Sabios) explicaron sobre el versículo que recitamos en Keriat Shemá (la lectura del Shemá Israel) “…asher anojí mezavejá haiom,…que yo te ordeno hoy” que cada día sea la Torá como algo nuevo, como si Hashem nos los hubiera ordenado hoy.

Y esta renovación es real, ya que, como decimos diariamente en Tefilat Shajarit (la plegaria matutina), Hashemmejadesh betubo bejol iom tamid Maasé Bereshit, renueva con Su bondad cada día permanentemente la obra de la creación” y lo mismo sucede con el hombre que cada día es creado, como está escrito “Ani haiom ieladtija, hoy te hice nacer” (Tehilim 2:7) y por esto fuimos ordenados a decir diariamente Birkot HaShajar, las bendiciones matinales (ver Shuljan Aruj Oraj Jaim 4).

Para poder cumplir con la Torá, es necesario comenzar de nuevo, y aunque intente, pero no logre nada, el hecho de haberse preparado para un nuevo comienzo, ya vale mucho y finalmente todos estos comienzos se van a juntar en su ayuda, para darle el mérito de lograr su cometido de manera completa. Además, si Hashem acepta la Teshubá (el retorno) de alguien que transgredió su voluntad durante toda su vida, cuanto más y más, de alguien que intentó cumplir la Torá toda su vida.

No debemos pensar que ya lo intentamos una, varias, muchas veces; ni caer en desánimo y pensar que no podemos, que Hashem nos rechaza, que esto no es para nosotros; sino que debemos olvidarnos completamente de todos los intentos fallidos e intentar de nuevo, ya que tanto el mundo, como nosotros somos renovados constantemente, y debemos suplicar a Hashem con todas nuestras fuerzas, desde lo profundo del corazón, esta vez poder lograrlo.

Debemos comenzar nuevamente, cada día, o incluso muchas veces al día; y no solamente con las cosas que aún no logramos cumplir, sino con las que ya cumplimos, así nos escapamos de otra trampa del Mal, la rutina y el aburrimiento. Cada instante es una nueva creación, entonces cada palabra de Tefilá o de Limud HaTorá (estudio de Torá), cada Mizvá es nueva, no es ni como la que hice ayer (o no hice) ni como la que con la ayuda de Hashem voy a hacer mañana; y de esta manera podremos cumplirla con fuerza y con Simjá (alegría).

Y esto es lo que dice el primer versículo de nuestra Parashá (porción semanal de la Torá) sobre Sarah Imenu (nuestra matriarca): “Vaihu jaié Sarah mea shana, veesrim shana vesheva shanim, shene jaié Sarah” “Y fue la vida de Sarah cien años y veinte años y siete años, los años de la vida de Sarah” y lo que explicaron nuestros Sabios, que “era a los cien como a los veinte y a los veinte como a los siete” y que “todos sus días fueron igualmente de buenos”, insinuando que comenzaba siempre a vivir como el primer día, incluso en los días de su ancianidad, se veía a si misma como una niña que comenzaba a servir a Hashem; y por medio de esto, llegó a tener una larga vida, ya que la vida no se mide en cantidad de años, sino en los días que realmente vivió y aprovechó.

Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev (Likuté Moharán I:272 – Likuté Halajot – hiljot Tefilin 5:38 e hiljot Keriat Atora 6 y Alim liTrufá – carta 233)

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