Archivo de la categoria ‘Torat Emet’

31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 September 10 - כ"ח אלול תש"ע

Reé – La prueba de amor

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BS”D

Reé – La prueba de amor
 
Por Rab Menajem Abdeljak
 
Éste Shabat anunciaremos, Beezrat Hashem, el mes de Elul, el mes de la Teshuvá. Todos comenzamos a pensar en el balance, en la corrección, en la compostura de nuestros errores, en el perfeccionamiento de nuestras virtudes. Y en estos grandes momentos, nos surge la incertidumbre: ¿Podemos revertir todo éste mal y empezar una historia limpia y pura? ¿O tal vez es sólo un delirio?
 
El Talmud (Bablí Jaguigá 15 y Ierushalmi Jaguigá 2:1) cuenta la historia de vida de Elishá ben Abuyá. Él fue un gran sabio, hasta llegó a ser maestro de Rabí Meir Baal Hanés, pero en sus últimos años abandonó el camino de la Torá, renegó de Hashem y llegó a cometer los más aberrantes pecados.
 
También perteneció a un grupo de privilegiados Kabalistas quienes, junto a Rabí Akibá, accedieron a los más íntimos secretos divinos. La causa de su desliz fue justamente la mal interpretación de una imagen a la que estuvo expuesto en dicha congregación esotérica.
 
En cierta ocasión, le pidió Elishá a su “discípulo”, Rabí Meir, su interpretación a una frase de Shelomó Hamelej en la cual compara la Torá al cristal y al oro. Éste le explicó que la intención era que el bien es arduo obtenerlo como el oro y fácil pederlo como la rotura de cristal.
 
Pero Elishá no aceptó su explicación y a cambio le ofreció la que él mismo había escuchado de Rabí Akibá que así como el vidrio y el oro se pueden reciclar, del mismo modo quién abandonó el camino de la verdad tiene siempre la posibilidad de corregirse.
 
Entonces Rabí Meir aprovechó la oportunidad y le retrucó: entonces ¿Por qué no retornas a la Torá? – Yo no puedo, afirmó Elishá. Una vez, montaba sobre mi caballo en Yom Kipur que cayó Shabat y pasé por el sitio donde estaba el Bet Hamikdash y oí una voz celestial proveniente del Kodesh Hakodashim (El lugar más sagrado del Bet Hamikdash al cual sólo ingresaba el Cohén Gadol en Yom Kipur) que decía claramente que las puertas de la Teshuvá están abiertas para todos excepto para mí.
 
Rabí Meir intentó infructuosamente persuadirlo. Entonces comenzaron a recorrer casas de estudio de Torá para niños en las cuales les peguntaban a los pequeños sobe lo que habían aprendido aquel día. (En aquella época era común dicha modalidad tomando como mensajes celestiales las respuestas de los niños). Asombrosamente, todos los chicos respondieron con versículos que reforzaban la convicción de Elishá sobre su incapacidad de enmendar su pasado y revertir sus errores.
 
En los últimos de vida de Elishá, vino Rabí Meir a visitarlo y le preguntó: ¿Aún te niegas a arrepentirte de tus errores? – ¿Y si lo hago ahora, en mis instantes finales, tiene algún valor? –Cuestionó el abatido anciano. Claro que sí – aseguró Rabí Meir – como lo dijo David Hamelej en Tehilim (90): “Instigas a retronar al hombre hasta el momento de la extinción de su alma”.
 
Es ese momento, Elishá rompió en un amargo llanto y se despidió de éste mundo. Y Rabí Meir dijo: Creo que mi maestro murió con Teshuvá.
 
Esta historia desde ya que tiene muchos aspectos que merecen ser estudiados con minuciosidad, aquí analizaremos uno de ellos. Y seremos concisos.
 
Elishá escucha una voz celestial que le dice, sin dejar lugar a dudas, que él no será aceptado. También los niños le confirmaron una y otra vez que se le niega el camino de regreso. Pero Rabí Meir insiste en que aún está a tiempo de emprender el camino de vuelta.
 
Para entender a fondo la idea, veremos un pasaje de la Perashá semanal (Debarim 13:2-4):
 
Cuando surgiese en medio de ti un profeta, o un soñador de sueños, y te diere señal o prodigio. Aunque viniere la señal o el prodigio de que él te habló, diciendo: Vayamos tras otros dioses, que no conociste, y los serviremos. No escuches las palabras de ese profeta, o de aquel soñador de sueños; pues es que Hashem, vuestro Elokim, os prueba para saber si aman a Hashem, vuestro Elokim, con todo vuestro corazón y con toda vues­tra alma.
 
Es decir, que para probar nuestra fidelidad para con Hashem, él nos pone en situaciones que nos dan lugar al error, a la confusión. Nos hace llegar mensajes e impresiones que nos den una sensación de distanciamiento irremediable. Entonces, si nos esforzamos, a pesar de los mensajes adversos, dejaremos en evidencia nuestro amor incondicional por Hashem.
 
A Elishá ben Abuyá le llega una comunicación celestial. En otros casos, como en nuestra Perashá, el aviso viene a través de un supuesto profeta. A nosotros nos llega desde nuestro interior porque entendemos o creemos que nuestro estado espiritual es complejo y difícil de revertir, en especial en lo que a consecuencias se refiere. Nos cuesta creer que todo el pasado y sus consecuencias se pueden borrar con una decisión de renovaros y abrir una página nueva.
 
Y la disolución de esta perplejidad está en comprender porqué nos embargan estas sensaciones y verificar si estos pensamientos son o no verdad.
 
Exactamente sobre éste punto nos aclara las ideas la indicación de la Torá acerca del falso visionario que habla en nombre de Hashem incitado a pecar. Y aquí encontramos porqué le permite Hashem que sus señales se cumplan y nos hagan titubear. “pues es que Hashem, vuestro Elokim, os prueba para saber si aman a Hashem, vuestro Elokim, con todo vuestro corazón y con toda vues­tra alma”.
 
Todas las dudas, incertidumbres, temores, preguntas, cuestionamientos y cualquier sinónimo o similar, no son más que para poner a prueba nuestro amor. Con la persistencia y la obstinación demostraremos a Hashem nuestro apego incondicional a Él, lo que despertará Su compasión y benevolencia hacia nosotros.
 
Shabat Shalom.
 
Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)
31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 July 10 - כ"ה תמוז תש"ע

Devarim – La manera correcta de reprochar

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BS”D

Devarim – La manera correcta de reprochar
 
Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev
 
Moshé Rabenu se despide del pueblo de Israel en sus últimos días y decide reprenderlos por los errores de los últimos cuarenta años. Pero a pesar de ser esa su intención, se limita a mencionar los lugares donde habían hecho enojar a Hashem, para no avergonzarlos.
 
Y aún así, lo hace recién llegada la instancia de la despedida, ya que no quiere que ellos se sientan incómodos frente a él constantemente. Así lo hizo también nuestro padre Iaakob, que reprendió a sus hijos al final de su vida.
 
En Parashat Kedoshim, (Vaikrá 19:17), encontramos la Mitzvá de reprender a nuestro prójimo y quien tiene la posibilidad de reprenderlo y no lo hace, se le considera la falta también a él.
 
No obstante, dijo Rabí Akibá en el Talmud, (Erjin 17b): “Dudo que haya en esta generación alguien capacitado para reprochar”, y menos aún, diría generaciones más tarde el Rebe Najman, en nuestros tiempos (Likuté Moharán 2:8).
 
Ahora bien, ¿Será que esta Mitzvá perdió validez? Sería impensable, siendo que la Torá es eterna. Tampoco es correcto pensar que queda reservada para los Rabanim o Morim que tienen responsabilidad sobre sus alumnos, ya que todos tenemos constantemente la tarea de corregir a nuestros hijos, a veces a nuestras parejas, a algún amigo que sólo a nosotros nos escuchará.
 
Entonces, ¿qué debemos aprender para poder cumplir esta Mitzvá?
 
Explica el Rebe (Likuté Moharán 2:8), que cuando la diferencia entre la reprimenda correcta y la que no lo es, es que esta última no solamente que no sirve, sino que perjudica. Él explica que, al igual que un tacho de basura que al revolverlo saca su mal olor, lo mismo sucede al recordar al compañero y ‘revolver’ sus Averot y malas acciones, se genera ‘mal olor’ y este ‘mal olor’ debilita aún mas a la Neshamá del que recibe la reprimenda, entre otros males.
 
Opuestamente a esto, sigue explicando el Rebe, al mencionar y recordar las virtudes del compañero instándolo a aumentar en esas preciosas acciones y actitudes que él bien conoce, sabe y puede, se desprende el ‘rico aroma’ de sus Mitzvot y buenas acciones y esto lo revitaliza y lo incentiva aún más a seguir en ellas y tratar de mejorar, al igual que cuando se abre y agita un frasco de perfume su aroma se disemina por el ambiente.
 
Mirar únicamente el aspecto positivo y dejar de lado el negativo puede parecer un engaño, pero no es así. En realidad, todos estamos llenos de virtudes, pero los defectos parecen ser muy grandes, como el humo que llama nuestra atención en los actos de magia, que nos impiden ver lo que sucede por detrás; pero si logramos ver que hay más allá del humo, nos damos cuenta que es sólo un truco. Lo mismo sucede cuando juzgamos a nuestros semejantes e incluso a nosotros mismos, el Ieser Hará hace un ‘show de magia’, con humo, explosiones, efectos especiales, que distraen nuestra atención de la realidad y dejamos de percibir lo que sucede por detrás, nos concentramos en el ‘humo’ de las Averot, errores o malas acciones y no vemos que en realidad por detrás hay un sinfín de Mizvot, grandes y buenas acciones y hermosas virtudes. Y al igual que el humo al final del show, todas las Averot van a desvanecerse.
 
* * *
 
Otro requisito que nombra también el Rebe para que la reprimenda sea efectiva, es no perseguir ningún otro propósito, más que el bien del otro. No para hacerse notar, para no sentirnos fracasados como padres, esposos, amigos o para calmar nuestra conciencia diciéndole al otro su error, etc., sino únicamente deseando hacer un Jesed (favor) con nuestro compañero.
                                                                   
A fin de ejemplificar cuan importante es esta condición de estar genuinamente interesado en el bien del tercero al momento de pretender influenciar, es del caso citar la siguiente anécdota sobre el Jafetz Jaím:
 
Sucedió con un ex alumno de la Ieshivá del Jafetz Jaim, que luego de dejar la Ieshivá, abandonó también el camino de la Torá y se dedicó de lleno a los negocios. Al cabo de algunos años, había prosperado mucho y se había convertido en una persona muy adinerada.
 
En un momento, se enteró que la Ieshivá estaba pasando momentos muy difíciles, y se presentó ante el Jafetz Jaim con una importante donación.
 
Al ver la importante donación, el Jafetz Jaim comienza a llorar de una manera desconsolada. El hombre entiende que el llanto era debido a que la situación de la Ieshivá era muy grave y que el dinero que le había ofrecido era insuficiente, por lo que decide aumentar su dádiva. Pero no solo que el llanto del Jafetz Jaim no se calmó, sino que se incrementó.
 
Consternado, el hombre le pregunta al Rab a qué se debe su llanto, a lo que el Jafetz Jaim le respondió: “Hijo mío, lloro del dolor de pensar que estas manos que hacen tantas Tzedaká tendrán que ser castigadas por profanar el Shabat”.
 
Al escuchar esto el hombre, entendió cuan dolido estaba el Rab y asumió sobre sí el compromiso de volver a cuidar Shabat.
 
* * *
 
Otra forma de influenciar al prójimo, es hablando Diburé Emuná (palabras de fe); Emuná en Hashem, Emuná en la Torá y Emuná en los Sadikim. Esto despierta también el deseo de crecer y corregirse.
 
Shabat Shalom.
 
Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev. Adaptado por Ariel Laniado
31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 June 10 - כ"ה סיון תש"ע

Balak – ¡Hashem, Suelta la soga!

   Publicado por : admin

בס״ד

Balak – ¡Hashem, Suelta la soga!

Por Rab Menajem Abdeljak

Israel era un campesino que se ganaba duramente el sustento vendiendo la leche y sus subproductos de sus pocas vacas.

Además tenía tres ovejitas las cuales cuidaba y criaba con mucha atención. Cuando llegaba el esquileo, podía ganarse unas monedas extra vendiendo la lana. Todo el año esperaba esa fecha en la cual atesoraba algo de dinero para Yom Tov.

Aquel año, cuando salió al establo para esquilar a sus ovejitas se encontró con nada más que dos de sus ovejas. Durante la noche, se extravió una. Inmediatamente salió a verificar que no se haya escapado a la calle, pero no pudo localizarla ni a ella ni sus huellas.

Acto seguido, emprendió una minuciosa búsqueda en toda la aldea. Luego de fracasar en la búsqueda, regresó a su casa con las manos vacías. Antes de entrar, echó sin querer una mirada al establo de su vecino y entonces la vio. Estaba allí, sujetada con una cuerda.

Israel se aproximó sin vacilar a su vecino y le reprochó: ¿Te parece lo que has hecho? ¿Tomar la oveja del pobre? ¡Deberías avergonzarte!

Pero el vecino permaneció impertérrito y negó rotundamente la acusación. – ¡Esa oveja es mía! – afirmó.

El humilde Iehudí se desmoralizó ante el descaro de desalmado vecino, pero no encontraba la manera de recuperar su animal.

Luego de reflexionar unos instantes se acercó Israel a su adversario y le propuso: Desata la cuerda del cuello de la oveja y observemos su reacción. Si es realmente mía, correrá a mi encuentro, si no, permanecerá en tu establo.

El vecino no se pudo negar y así lo hicieron. Inmediatamente, la oveja brincó alegremente y se apresuró a buscar refugio en brazos de su verdadero patrón. Israel la tomó y se dirigió satisfechamente a su casa.

* * *

Nosotros, el pueblo de Israel somos la oveja de Hashem. Durante la larga noche del Galut, nos hemos extraviado. Nos alejamos de nuestro pastor al punto de dar la desacertada imagen que ya no le pertenecemos a Él sino al vecino, a la cultura y costumbres de nuestros vecinos. Damos una imagen como si nos emocionara más un gol que una Mitzvá.

Éste alejamiento espiritual es fruto del distanciamiento físico de nuestra tierra, nuestras raíces. Es consecuencia directa de estar errando miles de años entre pueblos ajenos. Pero en realidad nuestra pureza interior se conserva inmaculada.

Somos como aquella ovejita que por estar atada en la casa del vecino parece haber dejado de pertenecerle a su verdadero dueño. Entonces le exigimos a Hashem: ¡Querido Papá! ¡Suelta la soga, rompe nuestras cadenas y verás que realmente te correspondemos! ¡No queremos más esta doble vida! ¡Queremos estar cerca de ti y percibirlo en toda su magnitud! ¡Queremos sentir tu amor incondicional hacia cada uno de nosotros! ¡Sentir que somos hijos, hijos queridos! ¡Hijos que no dejan de ser amados nunca, por ninguna causa!

En la Perashá de la semana leemos la siguiente frase: “No mira iniquidad en Iaakob y no vio pecado en Israel, Hashem su Elokim está con él y el amor del Rey permanece en él”.

Explica Rashí: ‘Aún cuando los Iehudim pecan y hacen enojar a Hashem, Él no se aleja de ellos ni les quita su amor incondicional’.

Esto no lo dijo un judío, lo dijo Bil´am, un profeta y brujo Midianita enviado por el rey Moabita para maldecir al pueblo de Israel. Y cuando abrió su boca para maldecir, Hashem le transformó sus maldiciones en bendiciones y sólo pudo decir verdades benévolas sobre Am Israel.

Hashem le puso en su boca esta frase, entre otras, para hacernos ver que incluso un extraño se da cuenta de esta gran verdad. Sólo falta que también nosotros la asimilemos. Que no caigamos en la trampa del Ietzer Hará que intenta convencernos que perdemos el amor de Hashem por cometer errores contra su voluntad.

Nunca olvidemos: “Hashem su Elokim está con él y el amor del Rey permanece en él” En él, en cada Iehudí. Siempre.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

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