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31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 March 10 - כ"א אדר תש"ע

Ki Tisá – ¿Qué vale más?

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בס״ד

Ki Tisá – ¿Qué vale más?

Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev

“Lama Hashem iejeré apejá beameja… Sejor leAbraham, leIsjak ulIsrael Avadeja… Vainajem Hashem al haraá asher diber laasot leamó” – “Hashem, ¿porqué se encenderá tu ira contra tu pueblo?… Recuerda a Abraham, Isjak e Israel tus siervos… Y Hashem reconsideró el mal que dijo que haría a su pueblo…” (Shemot 32:11, 13, 14)

* * *

Un Rey muy importante desposa a una novia que, todavía debajo de la Jupá (palio nupcial), engaña a su flamante marido. El Shadjan (casamentero) rompe la Ketubá (contrato matrimonial) y se esmera en convencer al Rey, de perdonar el “desliz”; pero no solo eso, sino que se esfuerza en lograr que el Rey quiera volver a casarse con ella.

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Parece ficción. Pero fue real.

En Shabuot, al entregar Hashem la ToráAm Israel (el pueblo de Israel), se celebró Su boda con el pueblo. Hashem se comprometió con nosotros a amarnos, cuidarnos y consagrarnos como su “pueblo elegido” y nosotros lo aceptamos como nuestro único D’s y nos comprometimos a cumplir la Torá. Y Él nos aclara: “No tendrán otros dioses…” (Shemot 20:3).

Cuarenta días mas tarde, todavía a los pies del monte de Sinai, el pueblo hace un becerro de oro y dice “Este es tu dios, Israel…” (Shemot 31:8). Hashem le dice a Moshé que los va a destruir a todos y va a hacer de él un nuevo pueblo; pero Moshé rechaza esto. Entonces él rompe las Lujot (tablas de la ley) donde estaba escrita la prohibición de hacer idolatría, como si estuviera rompiendo la Ketubá y el compromiso que une al pueblo con Hashem y durante cuarenta días se dedica a convencer a Hashem que nos acepte nuevamente como esposa. Finalmente, luego de escribir la nueva Ketubá, las segundas Lujot, en Iom Kipur se realiza la segunda Jatuná (casamiento).

Increíble, ¿no?

Para entender esto, tratemos de ponernos en el lugar de los personajes. Comencemos con la novia. Dice Shelomó HaMelej en el Cantar de los Cantares“Negra estoy, pero linda…”(Shir HaShirim 1:5). Y explicaron los Jajamim del Midrash: “Negra (sucia), al hacer el becerro; pero linda, al hacer el Mishkán (santuario)” (Shemot Rabá 49:2 y Shir HaShirim Rabá 81).

El pueblo le dice a Hashem: Yo se que “negra estoy”, se que estoy llena de transgresiones y que me alejé mucho de vos, puesto que el pecado del becerro de oro equivale a todos los pecados, ya que el que acepta la idolatría es como que renegara de la Torá completa, (ver Rashi -Bamidvar 15:23 y otros). Pero a pesar de esto, soy “linda”, aun me queda belleza, aun puedo resaltar en mí puntos buenos y con ellos puedo construir el Mishkan.

Las donaciones para la construcción del Mishkan representan esos puntos buenos que los Iehudím podían rescatar dentro de ellos y se los trajeron a Moshé Rabenu para que los ubicara en su lugar. Pero para la base del Mishkan, fue necesario que todos participaran de igual manera, con la donación del Majasit HaShekel (unidad de peso), como está escrito “el rico no aumentará ni el pobre disminuirá” (Shemot 30:15), el que encontró muchos puntos buenos, no podía traer más que el que encontró pocos, sino que hay unos puntos buenos que todos tenemos por igual, son los de esa Neshamá Tehorá (alma pura), que somos Iehudim, hijos deAbrahamIsjakIaakov.

Moshé Rabenu se esmero y sacrificó por nosotros, porque él sabía encontrar esto puntos buenos, aun en el más descarriado. Así hizo Tefilá por nosotros, incluso luego de haber transgredido toda la Torá; ya que incluso luego de esto, él pudo encontrarlos, como le dijo a Hashem“¿porqué se encenderá tu ira contra tu pueblo?”, diciéndole que con esos puntos buenos que encontró, quedó de lado todo el mal, ya que todo el mal que hicieron, no se compara con el poco bien que aun nos quedaba.

Y sigue diciendo: “Recuerda a Abraham, Isjak e Israel tus siervos”Moshé le dice a Hashem, que aunque no hubiera encontrado ese poquito de bien en Am Israel, aun nos queda algo que no podemos perder, que somos los hijos de “Abraham, Isjak e Israel” y ya por eso, todo el mal no cuenta para destruirnos. Y este fue y es el trabajo de todos los Sadikim de cada generación, que nos defendieron frente a Hashem y que nos demostraron nuestro valor, nuestros puntos buenos, para enfrentar a nuestro Ieser Hará (mal instinto).

Y entonces, Hashem, el Rey de reyes, volvió a aceptarnos, por el poco bien que nos quedaba, pero con un valor incalculable, en lugar de quedarse con todo el mal que hicimos que no vale nada, y por eso nos volvió a querer, como está escrito “Y Hashem reconsideró el mal que dijo que haría a su pueblo”.

Shabat Shalom

Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev (adaptado de Likute HalajotHiljot Hashkamat HaBoker1:3)

31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
7 February 10 - כ"ג שבט תש"ע

Terumá – ¿Todo o Nada?

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בס״ד

Terumá – ¿Todo o Nada?

Por Rab Menajem Abdeljak

Se supone que Moshé Rabenu, luego de estar ciento veinte días en el monte de Sinai disfrutando de la máxima revelación Divina al que algún ser humano tuvo acceso alguna vez, estaría en perfecta sintonía con el razonamiento de Hashem. Pero sorpresivamente, nuestros Jajamim nos revelan (Yalkut Shimoní) que en tres oportunidades Moshé se sorprendió y se desalentó ante un pedido de Hashem.

La primera vez, cuando Hashem le indicó que cada uno debe dar una suma como rescate de su propia vida. En aquella oportunidad, Moshé afirmó: ‘Nadie puede dar a Hashem su rescate’ (Tehilim 49:7). ¿Cómo puedes entonces pedirnos esto? ¿Quién podrá pagarlo?

Más adelante, cuando llega la indicación de construir un recinto como morada Divina, Moshé se sorprendió: ‘He aquí que los cielos y los cielos de los cielos, no te pueden contener’ (Melajim 8:27), ¿y Tú me pides una morada en la tierra?

Por último, una vez erguido el Mishkán, Hashem ordena una ofrenda diaria y nuevamente Moshé no logra comprenderlo: ‘Ni el Líbano (sus cedros) bastará para el fuego, ni todos los animales para el sacrificio’ (Ieshaiá 40:16).

He aquí las respuestas de Hashem:

No es como tú piensas Moshé. No necesito grandes fortunas, simplemente exijo media moneda por cabeza y yo los remedio con esto.

No es como tú piensas Moshé, tan sólo les pido veinte tirantes al sur, veinte al norte y otros ocho al oeste y yo me reduzco y me alojo ahí dentro.

No es como tú piensas Moshé, requiero sencillamente dos corderos. Y no juntos, sino que uno por la mañana y uno al atardecer.

El Nabí (Hoshea 14:1) le dice al pueblo Judío: ‘Retorna Israel hacia Hashem, tu Elokim’. Sobre esto el Midrash comenta (Pesikta Rabatí 45:9): ‘Esto es similar a aquel hijo que se alejó de su padre una distancia de cien días de recorrido. Le dijeron sus amigos: “Regresa hacia tu padre”. A lo que el hijo responde: “No puedo caminar tanto”. Entonces el padre le mandó el siguiente recado: “Avanza lo que tus fuerzas te permitan y yo me acerco a ti el resto del trayecto”.

El mensaje es más que claro: Hashem no exige lo que no se puede, lo que nuestras fuerzas no nos permiten. La norma es: “En Hakadosh Baruj Hu ba bitroniá im beriotav – Hashem no ofrece a sus criaturas desafíos imposibles” (Talmud, Abodá Zará 3a).

Existe un error, fuertemente radicado en nosotros, que es el hecho de creer que sólo con acciones extremas y extraordinarias podremos acceder a un mayor nivel espiritual y reparar nuestros errores. Y mientras tanto, seguimos perdiendo tiempo y dejando pasar oportunidades para mejorar y superarnos.

Es como aquel joyero, que mientras estaba atendiendo a sus clientes, ingresó un malhechor y se dio a la fuga con una joya. Desesperado, el comerciante sale tras sus pasos y recupera la alhaja. Al regresar, descubre que “los clientes” no eran más que cómplices y se habían alzado con toda la mercancía de la joyería.

También el Ietzer Hará nos hace creer que si no hacemos grandes Mitzvot no sirve de nada y nosotros, en nuestro afán genuino de corregirnos, nos empeñamos en una misión imposible, que nos quita de las manos aquellas “pequeñas” Mitzvot que cumplíamos antes.

El Mishkán, la “morada” del Rey de los reyes, no era más que una carpa en el desierto. Móvil y frágil. Indudablemente mucho más humilde que la de cualquier rey, gobernante o ministro. Por otro lado, el Bet Hamikdash, grande y majestuoso, era una obra de arte a nivel mundial.

A ciencia cierta, para la infinita grandeza de Hashem, nada sería demasiado y ni siquiera suficiente. Pero de todos modos, el Bet Hamikdash es mucho más adecuado que el Mishkán.

Pero justamente ahí viene la lección: No esperemos hasta llegar y establecernos en Eretz Israel para hacer lo “perfecto”. Cuando lleguemos lo haremos ¿Y mientras estamos en el desierto? Nos arreglamos con lo que podemos y tenemos al alcance de nuestras posibilidades.

¿Cuántas Mitzvot, ofrendas e inciensos se hubiesen perdido de Am Israel si esperábamos hasta poder hacerlo cien por cien? ¿Cuántas personas hubiesen permanecido impuras ó privadas de expiación sin el Mishkán?

La cultura del “todo o nada”, más allá de ser nociva y destructiva en todos los órdenes de la vida, va en absoluto contramano de la idea de la Torá.

Si no puedo estudiar diez horas diarias, estudio cinco. Si no puedo ni eso, entonces tres alcanzan. Y si incluso a ello me veo imposibilitado, entonces será una hora o media. A veces creemos que se hace Jesed teniendo grandes fortunas y magnas organizaciones, nada más incierto, para hacer Jesed hace falta buena voluntad.

El Rab Iaakob Meir Shejter, en su libro Likuté Amarim, cuenta sobre un Iehudí que era muy meticuloso en el cumplimiento de la Mitzvá de Tefilín y permanentemente buscaba profundizar en sus Halajot y perfeccionarse en ella. Constantemente le surgían dudas e inquietudes acerca de si estaba cumpliendo correctamente la Mitzvá. Esto se extendió hasta que el malestar por la incertidumbre lo hizo dejar por completo de colocarse el Tefilín.

Desde ya que no se debe dejar de anhelar la superación continua y el avance hacia las más altas esferas espirituales. Sólo que esto se debe manifestar en nuestra relación con Hashem. Cuando hablamos con Hashem diariamente y le exponemos nuestras inquietudes, es el momento de hacerle llegar los más profundos deseos de progreso. No obstante, en la práctica, siempre trataremos de hacer aquello que tenemos más próximo.

Media moneda por cabeza para remediar las almas de Am Israel. Veinte tirantes al sur, veinte al norte y otros ocho al oeste para la permanencia de Hashem entre sus hijos. Dos corderos, uno por la mañana y uno al atardecer, para limpiar los pecados.

‘Avanza lo que tus fuerzas te permitan y yo me acerco a ti el resto del trayecto’ – dice Hashem.

Cada uno según sus capacidades. Sin amedrentarse y sin desmoralizarse.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en lasenseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל
31 December 69 - כ"ב טבת תש"ל

Tu BiShbat (15 de Shebat)

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בס״ד

Tu BiShbat (15 de Shebat)

Por Rab Menajem Abdeljak

El día quince del mes de Shebat, que este año cae Shabat, más conocido como Tu Bishbat (TU = siglas de las letras: Tet, de valor numérico nueve y Vav, de valor seis = Quince), es el Rosh Hashaná de los frutos de los árboles.

Para esta fecha, en el hemisferio norte, ya han caído la mayoría de las lluvias del año y comienza la savia a subir a los árboles. Los frutos que crecerán a partir de hoy, son considerados producto del nuevo año.

Todos los frutos prontos hasta hoy, se diezmarán por un lado, mientras que los que los que maduren después de esta fecha, por otro lado.

También de esta fecha dependen los años de Orlá. La Torá establece que los frutos del árbol no pueden ser ingeridos hasta tanto llegue a tres años de edad. Por lo tanto, si los frutos maduraron antes de Tu Bishbat, se le considera al árbol un año de edad a pesar que en la práctica haya sido plantado hace tan sólo meses.

Leyes y Costumbres

Está prohibido ayunar y no se dice Tajanún ni en Shajarit ni en Minjá, como así tampoco en Minjá de su víspera, ni Sidkateja en Minjá de Shabat.

Éste día se acostumbra comer frutos de árboles. Favoritamente los nombrados en la Torá como los frutos bendecidos de Eretz Israel: Uva, higo, granada, oliva y dátil. (Debarim 8:8). También se prefieren las frutas oriundas de Eretz Israel, de cualquier clase.

Universalmente, se procura conseguir la mayor cantidad posible de especies, por lo general quince. Hay costumbres de recitar los quince capítulos de Shir Hamaalot (Tehilim 120 al 134 inc.) antes de cada una de las especies. En caso de ser más de una quincena, se recitará por los primeros quince.

Teniendo en cuenta que el Etrog (Fruto cítrico oriental. De las cuatro especies utilizadas en la festividad de Sucot) crece en el hemisferio boreal, es un día especial y oportuno para pedir por un buen Etrog para el próximo Sucot.

Por Rab Menajem Abdeljak

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