25
Jun

Balak – ¡Hashem, Suelta la soga!

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Balak – ¡Hashem, Suelta la soga!

Por Rab Menajem Abdeljak

Israel era un campesino que se ganaba duramente el sustento vendiendo la leche y sus subproductos de sus pocas vacas.

Además tenía tres ovejitas las cuales cuidaba y criaba con mucha atención. Cuando llegaba el esquileo, podía ganarse unas monedas extra vendiendo la lana. Todo el año esperaba esa fecha en la cual atesoraba algo de dinero para Yom Tov.

Aquel año, cuando salió al establo para esquilar a sus ovejitas se encontró con nada más que dos de sus ovejas. Durante la noche, se extravió una. Inmediatamente salió a verificar que no se haya escapado a la calle, pero no pudo localizarla ni a ella ni sus huellas.

Acto seguido, emprendió una minuciosa búsqueda en toda la aldea. Luego de fracasar en la búsqueda, regresó a su casa con las manos vacías. Antes de entrar, echó sin querer una mirada al establo de su vecino y entonces la vio. Estaba allí, sujetada con una cuerda.

Israel se aproximó sin vacilar a su vecino y le reprochó: ¿Te parece lo que has hecho? ¿Tomar la oveja del pobre? ¡Deberías avergonzarte!

Pero el vecino permaneció impertérrito y negó rotundamente la acusación. – ¡Esa oveja es mía! – afirmó.

El humilde Iehudí se desmoralizó ante el descaro de desalmado vecino, pero no encontraba la manera de recuperar su animal.

Luego de reflexionar unos instantes se acercó Israel a su adversario y le propuso: Desata la cuerda del cuello de la oveja y observemos su reacción. Si es realmente mía, correrá a mi encuentro, si no, permanecerá en tu establo.

El vecino no se pudo negar y así lo hicieron. Inmediatamente, la oveja brincó alegremente y se apresuró a buscar refugio en brazos de su verdadero patrón. Israel la tomó y se dirigió satisfechamente a su casa.

* * *

Nosotros, el pueblo de Israel somos la oveja de Hashem. Durante la larga noche del Galut, nos hemos extraviado. Nos alejamos de nuestro pastor al punto de dar la desacertada imagen que ya no le pertenecemos a Él sino al vecino, a la cultura y costumbres de nuestros vecinos. Damos una imagen como si nos emocionara más un gol que una Mitzvá.

Éste alejamiento espiritual es fruto del distanciamiento físico de nuestra tierra, nuestras raíces. Es consecuencia directa de estar errando miles de años entre pueblos ajenos. Pero en realidad nuestra pureza interior se conserva inmaculada.

Somos como aquella ovejita que por estar atada en la casa del vecino parece haber dejado de pertenecerle a su verdadero dueño. Entonces le exigimos a Hashem: ¡Querido Papá! ¡Suelta la soga, rompe nuestras cadenas y verás que realmente te correspondemos! ¡No queremos más esta doble vida! ¡Queremos estar cerca de ti y percibirlo en toda su magnitud! ¡Queremos sentir tu amor incondicional hacia cada uno de nosotros! ¡Sentir que somos hijos, hijos queridos! ¡Hijos que no dejan de ser amados nunca, por ninguna causa!

En la Perashá de la semana leemos la siguiente frase: “No mira iniquidad en Iaakob y no vio pecado en Israel, Hashem su Elokim está con él y el amor del Rey permanece en él”.

Explica Rashí: ‘Aún cuando los Iehudim pecan y hacen enojar a Hashem, Él no se aleja de ellos ni les quita su amor incondicional’.

Esto no lo dijo un judío, lo dijo Bil´am, un profeta y brujo Midianita enviado por el rey Moabita para maldecir al pueblo de Israel. Y cuando abrió su boca para maldecir, Hashem le transformó sus maldiciones en bendiciones y sólo pudo decir verdades benévolas sobre Am Israel.

Hashem le puso en su boca esta frase, entre otras, para hacernos ver que incluso un extraño se da cuenta de esta gran verdad. Sólo falta que también nosotros la asimilemos. Que no caigamos en la trampa del Ietzer Hará que intenta convencernos que perdemos el amor de Hashem por cometer errores contra su voluntad.

Nunca olvidemos: “Hashem su Elokim está con él y el amor del Rey permanece en él” En él, en cada Iehudí. Siempre.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

10
Jun

Koraj

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Koraj

Por Rab Menajem Abdeljak

Una de las más difíciles tareas es comprender los errores de nuestros antepasados y especialmente de aquellos personajes que figuran en la Torá y sabemos que eran esencialmente gente grande más allá de sus equivocaciones. Por ende, debe ser hecho con mucho cuidado y con el sólo fin de tomar lecciones, sin pretender juzgarlos a ellos.

Especialmente compleja es la persona de Koraj, primo hermano de Moshé y Aarón. Él era de las prominentes figuras del pueblo y resulta muy complicado comprender a ciencia cierta cómo pudo incurrir en tamaña confusión y sufrir tan degradante final.

La historia conocida de Koraj es la de la revolución que induce contra el liderazgo de Moshé poniendo en tela de juicio sus enseñanzas e indicaciones.

Veamos como nuestros sabios nos cuentan que fue el procedimiento de Koraj para ganar adeptos:

El Midrash cuenta que Koraj se dirigió a Moshé frente a todo el pueblo con dos preguntas:

1) ¿Una casa llena de Sifré Torá, precisa tener Mezuzá en su puerta?

2) ¿Una vestimenta de color Tejelet (el color de uno de los ocho hilos del Tzizit – se desconoce hoy en día), tiene que tener Tzizit?

Preguntas a las cuales Moshé respondió positivamente. Esta respuesta provocó la burla de Koraj. “Si una Mezuzá, por contener dos pasajes de la Torá, protege una casa entera, ¿el Sefer Torá entero no lo va a hacer? Si cuatro hilos pueden acondicionar una vestimenta, ¿toda la vestimenta de Tejelet no es aún más? Para aumentar el efecto de sus palabras, palabras, Koraj vistió a su gente con vestimenta de color Tejelet y juntos se dirigieron a la carpa de Moshé Rabenu y frente a todos quienes estaban allí volvieron a exponer sus pensamientos. Este es el método que nuestros Jajamim nos cuentan que arrastró a los más grandes Tzadikim del pueblo a apoyar esta rebelión contra Moshé Rabenu.

Se puede interpretar esto como un simple intento de persuadir al pueblo mediante la burla y la ridiculización, ubicando así a Koraj y sus seguidores en un papel de frívolos y necios. Pero hay otro enfoque mucho más favorable que explica la actitud de Koraj en un error sutil.

Para comprender debemos prestar atención al diálogo entre Moshé y Koraj:

…y se congregaron contra Moshé y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Pues toda la congregación, todos ellos son santos, y Hashem está en medio de ellos. Y ¿por qué os ensalzáis sobre la congregación de Hashem?

Y dijo Moshé a Koraj y su gente: Oíd, os ruego, hijos de Leví. ¿Acaso os parece poca cosa que el Elokim de Israel os haya separado de entre la congregación de Israel, a fin de haceros llegar a Sí para hacer el servicio del Tabernáculo de Hashem y para estar delante de la congregación para oficiar por ellos?

Existe un error fuertemente radicado en nosotros, que es el de creer que sólo con acciones extremas y extraordinarias podremos acceder a un mayor nivel espiritual. Como no nos consideramos aún preparados para ello, seguimos perdiendo tiempo y dejando pasar oportunidades para mejorar y superarnos.

Es como aquel joyero, que mientras estaba atendiendo a sus clientes, ingresó un malhechor y se dio a la fuga con una joya. Desesperado, el comerciante sale tras sus pasos y recupera la alhaja. Al regresar, descubre que “los clientes” no eran más que cómplices y se habían alzado con toda la mercancía de la joyería.

También el Ietzer Hará nos hace creer que si no hacemos grandes Mitzvot no sirve de nada y nosotros, en nuestro afán genuino de corregirnos, nos empeñamos en una misión imposible que nos quita de las manos “pequeñas” Mitzvot que tenemos al alcance de nuestras manos.

Koraj era Leví y de los más destacados. Los Leviim estaban a cargo del Mishkán, su cuidado y traslado. Eran tres familias, la de Guereshón, la de Kehat y la de Merarí. A cargo de Guereshón estaba todo lo que eran las telas y las pieles que constituían los techos, paredes y divisiones y las respectivas cuerdas. Los de Merarí tenían la gerencia de la estructura del Mishkán propiamente dicha, tablones, travesaños, basas y todos sus accesorios. Y por último, la familia de Kehat transportaba y cuidaba lo más sagrados objetos del Mishkán. Esto incluye: El Arón Hakodesh, la Menorá, la mesa del Lejem Hapanim y los altares.

Los de Kehat fueron seleccionados para el trabajo más sagrado por su condición distinguida. Y Koraj pertenecía a Kehat. Él estaba bastante bien ubicado en cuanto a niveles espirituales, pero deseaba más. Por ahora está todo bien.

Lo que pasa es que su búsqueda se basa en una filosofía equivocada que se refleja justamente en los planteos que le hace a Moshé. El opina que si el Talit es de Tejelet no necesita Tzizit y que una casa llena de Sifré Torá está exenta de Mezuzá. Es decir, en la búsqueda de la perfección los detalles carecen de importancia.

Con el mismo pensamiento, su condición de Leví y de los ilustres, no le merece consideración. Él aspira a más y eso es correcto, pero comete el error de subestimar lo que tiene.

En ese sentido le responde Moshé: ¿Acaso os parece poca cosa que el Elokim de Israel os haya separado de entre la congregación de Israel, a fin de haceros llegar a Sí para hacer el servicio del Tabernáculo de Hashem y para estar delante de la congregación para oficiar por ellos?

Moshé Rabenu insta a Koraj a tomar conciencia de su grandeza y entender que en el camino a la perfección no deben desestimarse los pequeños logros.

La gente grande, como es el caso de Moshé, padre de todos los profetas, sabe valorar aún mínimos éxitos.

El concepto es: Si no puedo estudiar diez horas diarias, estudio cinco. Si no puedo ni eso, entonces tres alcanzan. Y si incluso a ello me veo imposibilitado, entonces será una hora, o media. A veces creemos que se hace Jesed teniendo grandes fortunas y magnas organizaciones, nada más incierto, para hacer Jesed hace falta buena voluntad.

El Rab Iaakob Meir Shejter, en su libro Likuté Amarim, cuenta sobre un Iehudí que era muy meticuloso en el cumplimiento de la Mitzvá de Tefilín y permanentemente buscaba profundizar en sus Halajot y perfeccionarse en ella. Constantemente le surgían dudas e inquietudes acerca de si estaba cumpliendo correctamente la Mitzvá. Esto se extendió hasta que el malestar por la incertidumbre lo hizo dejar por completo de colocarse el Tefilín.

Desde ya que no se debe dejar de anhelar la superación continua y el avance hacia las más altas esferas espirituales. Sólo que esto se debe manifestar en nuestra relación con Hashem. Cuando hablamos con Hashem diariamente y le exponemos nuestras inquietudes, es el momento de hacerle llegar los más profundos deseos de progreso. No obstante, en la práctica, siempre trataremos de hacer aquello que tenemos más próximo.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

27
May

Behaalotejá – Aprovechá la fiesta

   Publicado por: admin   en Torat Emet

בס״ד

Behaalotejá – Aprovechá la fiesta

Por Rab Menajem Abdeljak

Los invitados sentados en torno a mesas servidas con gran variedad de ensaladas, carnes, embutidos, picaditas, panes, de todo un poco.

La actitud varía. Algunos se sirven delicadamente parte de los manjares ofrecidos. Otros son más rigurosos y precisan colmar sus platos con toda la variedad sin omitir nada. Y la tercera división, con mayor cantidad de adeptos, corresponde a los intransigentes. Estos, no sólo deben probar y saciarse con todo lo que está al alcance de sus manos, sino que inspeccionan, disimuladamente, las mesas vecinas, asegurándose que no haya “ahí” nada que no haya “acá”. En caso de detectar alguna anomalía, no vacilarán en exigir al mesero la rectificación inmediata de la situación.

– Mozo, ¿Qué es eso coloradito que hay en esa mesa? – Eso es……… (alguna palabra compleja en francés o italiano). -¿Me trae? (No tiene idea de qué se trata, pero no puede perder la ocasión).

Escena muy frecuente, casi diríamos normal, en las fiestas.

Contrapuestamente a esta penosa actitud en materia mundana, es bastante inusual ver semejante pasión cuado se trata de tópicos espirituales. Si apareciera alguien con un “menú” de acciones de caridad, para estudiar de Torá o cualquier otra Mitzvá no conseguirá muchos comensales.

Aún si consigue algunos que serían “tan amables” de hacer una Mitzvá, luego de elegir la más sencilla, sería casi impensable que alguien vendrá a pedirle por favor “un poco más”. Sólo algunos distinguidos tomarán el recaudo de no perderse ningún “plato”.

Generalmente, el mismo que pretenderá acopiar lo máximo espiritualmente, tendrá un comportamiento opuesto en lo material. Y viceversa. La ambición por la perfección y la excelencia, no suele aunarse en una persona en ambos sentidos. Hay cosas que no van de la mano.

En nuestra Perashá tenemos representantes de ambos grupos. Los exigentes en lo mundano y los estrictos en lo espiritual.

Al comienzo de la Perashá, tenemos la Mitzvá del encendido de la Menorá por Aharón Hacohén que viene en yuxtaposición al último tema tratado en la Perashá anterior, Nasó. Allí se relata detalladamente las ofrendas acercadas por los jefes de todas las tribus, excepto la de Leví, a la cual pertenecía Aharón, en ocasión de la inauguración del Mishkán. El Midrash explica que Aharón se molestó genuinamente por no haber podido participar de esta gran Mitzvá y entonces Hashem le otorgó la posibilidad de cumplir esta otra, la de iluminar la Menorá a diario, él y sus sucesores.

En realidad, también Aharón, como Cohén que era, acercó Korbanot durante la inauguración del Mishkán. Pero no se satisfizo. Pide “otra porción”. Quiere degustar de todo lo que pueda en cuanto a Mitzvot.

Otra representación de esta tendencia, son aquellos que por un estado de impureza circunstancial no estaban en condiciones de acercar el Korbán Pesaj en el primer aniversario del éxodo. Sin embargo, a pesar de estar expresamente exonerados y aún inhibidos, ellos no se conforman e insisten a Moshé Rabenu con buscar una solución para que se les conceda la posibilidad de realizar esta Mitzvá. Como resultado Hashem manda a enseñar las leyes de Pesaj Shení, el segundo Pesaj.

El exponente superlativo de esta vocación es Rabí Akibá. El Talmud (Menajot 29b) relata que extraía cúmulos de Halajot de cada Tag (coronas decorativas en algunas letras) del Sefer Torá y Hashem le mostró a Moshé Rabenu una clase suya y éste último no lograba entender. Sin embargo, a pesar de tamaña grandeza, a pesar de tanta Torá y tantas Mitzvot, él pretendía más. Aspiraba al pináculo. Veremos cuál era su sueño.

Su vida terrenal finalizó a manos del verdugo romano quien restregó su carne con cepillos de hierro. Mientras esto sucedía, el se dispuso a leer Keriat Shemá y a sus discípulos, asombrados de lo que veían les explicó: “Toda mi vida anhelé tener la oportunidad de cumplir lo que la Torá dice: Amarás a Hashem con toda tu vida, es decir, aunque te estén quitando la vida. ¿Y cómo ahora que se me da no lo voy a cumplir? (Talmud Berajot 61b).

Esta sed de Mitzvot se puede dar, a simple vista paradójicamente, tan sólo en quien está saciado de ellas, cuando supuestamente debería ser diferente. El secreto lo develan nuestros sabios en el Talmud (Berajot 40a Sucá 46b) enseñándonos que en cuanto a lo espiritual hay una ley “física” que dice que: Un recipiente lleno contiene, uno vacío no. Al revés de lo que conocemos en la física mundana.

Luego de una comida abundante ya no sentimos deseo ni podemos ingerir más alimentos por sabrosos que sean. Sin embargo, en materia espiritual, cuanto más falto de contenido se es, menos se siente deseo de aumentar Torá y Mitzvot, no así quien se ha colmado de espiritualidad, siempre buscará más.

La otra cara de la moneda, también en nuestra Perashá, se refiere a la partida de Har Sinai. Una vez concluida la revelación de Hashem en el monte Sinai, los Iehudim partieron de allí como un niño que escapa de la escuela. No así a la salida de Egipto, al emerger del Mar Rojo, tuvo que instarlos Moshé a avanzar rápidamente, ya que estaban atareados en recolectar el oro y las piedras preciosas que los egipcios llevaban en sus carruajes.

Y así lo resume el Talmud (Erubín 54a): Le dijo Shemuel a Rab Yehuda: Empuña y come empuña y bebe, porque éste mundo, del cual nos iremos, es como una fiesta”.

No es un restaurante, no manejamos los tiempos, somos invitados. Llegaste a la fiesta y te sirvieron la entrada. Mientras charlas con un amigo, te levantaron la mesa. Llega el plato principal, te levantaste a bailar y ¡zas! se llevaron el plato. Y si no te apurás, perdés el postre.

Te queda lo que comiste. Una porción de Torá, un plato de Tzedaká, una ración de Tefilá.

Shabat Shalom

Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)

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