2
Sep

¿Rosh Hashaná o Año Nuevo?

   Publicado por: admin   en Jagim

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¿Rosh Hashaná o Año Nuevo?

Por Rab Menajem Abdeljak

“A toda cuestión le he visto final”, dijo el Rey David (Tehilim 119:96). Todo tiene final. La vida no es una cinta sin fin, sin sentido, ni límite. Todo lo que comienza, finaliza.

Pero el ser humano no suele ser consciente de ello. Entonces, se nos escurre el tiempo de entre los dedos. Y como dice el popular dicho: “la vida es lo que te pasa por al lado mientras haces planes”. Por eso, una vez por año, Hashem nos lo recuerda.

Llega Rosh Hashaná. Termina otro año. El rugoso calendario pasa a retiro, cediéndole el trono al nuevo.

Nos detenemos y hacemos un balance. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué falta? ¿Qué sobra?

Como resultado, pensamos en nuevos comienzos. Recapacitamos sobre una revitalización en todos los aspectos y órdenes de la vida.

Nos detenemos – a revisar. Interrumpimos – para suspender la agitación del quehacer mundano y observar la vida desde afuera. Y también para invocar por una nueva iniciación, más pura y sagrada.

¿Usted considera que sería un error comer en Rosh Hashaná un buen Pan Dulce en vez de Jalot? ¿O explotar pirotecnia a cambio del sonido del Shofar? ¿Y un brindis con cidra en lugar del Kidush? ¿Y qué me dice de un dulce turrón como sustituto de la manzana con miel?

Seguramente se está dando cuenta que lo nuestro es muy diferente, no es una simple celebración de un nuevo año. Es mucho más.

En realidad vivimos una realidad triste. El Galut (exilio del pueblo judío entre naciones y culturas ajenas), nos confunde cada vez más. Convivir diariamente con culturas basadas sobre otros “principios”, causa y sigue causando estragos en nuestra identidad. Esta confusión se nota en cada aspecto. Los Brit Milá (circuncisiones) postergados para los Domingos, las flores en los funerales y cementerios. Y qué se yo cuántas cosas más. La ignorancia y la falta de conocimiento de nuestras bases y costumbres nos obliga sin querer a adoptar las ajenas, las de nuestros enemigos de todos los tiempos.

Necesitamos urgentemente refrescar las ideas e investigar detenidamente el origen de nuestros conceptos y costumbres para estar seguros que realmente nos pertenecen.

Rosh Hashaná es principalmente, el día del juicio y el día de la coronación del Rey, Hashem. Es el día de juicio. Éste día se decreta el futuro de cada ser humano para el nuevo año que comienza.

¿Por qué justamente es el primer día de Tishrí el “Día del Juicio”? No es casualidad. Hace 5771 años, en este preciso día Hashem creó a Adam Harishón (Adán) y su mujer Javá (Eva). En esta misma fecha el primer hombre comió del árbol prohibido y provocó la ira Divina.

Esta situación condujo a que Adam tenga que presentarse a juicio delante del Rey de los Reyes. Su estado era sumamente delicado. Nadie más que él pudo percibir claramente la mano de Hashem en todo su esplendor y eso no logró contenerlo de transgredir la única prohibición impuesta por el Creador.

En aquel momento se reveló la benevolencia y misericordia de Hashem en toda su magnitud. El género humano no fue extinguido. Nos dio otra oportunidad. La vida después del pecado no es igual, pero tenemos la posibilidad de hacer el bien y reparar éste grave error y todas sus consecuencias mediante el cumplimiento de las Mitzvot de la Torá.

El cumplimiento de los preceptos, corrección del error de Adam Harishón, implica y surge como consecuencia directa de asumir la supremacía de Hashem. De ahí el segundo sentido de esta gran fecha. “La coronación del Rey”.

Si observamos, en las plegarias de Rosh Hashaná no pedimos perdón por nuestras acciones, ni misericordia en el juicio, cosa que sería lógico. Sin embargo, lo que pedimos reiteradas veces es sobre el reinado de Hashem. Exigimos y requerimos que su nombre sea glorificado por todos los seres vivos.

El pedido central, que se reitera en todas las plegarias de Rosh Hashaná y Yom Kipur dice así: “D-ios nuestro y de nuestros padres, reina sobre todo el mundo con tu honor, y enaltécete por sobre toda la tierra con tu gloria, y revélate con el esplendoroso orgullo de tu poder sobre todos los habitantes de tu planeta. Y que sepa todo obrado que Tú lo has obrado y que entienda todo creado que Tú la creaste. Y que diga todo aquel que tiene alma en sus narices: Hashem el Rey de Israel reina y su reinado lo abarca todo”.

Él lo gobierna todo y lo decide todo. Él establece qué cómo y cuándo. Él dispone los límites y las reglas del juego. Él lo da todo y a Él debe dedicarse todo. Esto es lo que debemos inculcarnos en estos días. Porque al incorporar esta idea estamos “coronando” al Rey del Universo. No es menester hacer una ceremonia de coronación para coronar a Hashem, ya que Él examina los corazones. Entonces, si lo aceptamos en nuestros corazones, si tan sólo asumimos internamente nuestro papel de súbditos, ya hemos coronado al Rey.

Esto no se lleva a cabo con una manzana con miel. No logramos éste noble efecto con una simple tarjeta de año nuevo o con abrazos, besos y buenos deseos. Es cierto y además está establecida en la Halajá la costumbre de desearse mutuamente un buen año, pero no es esta la esencia de Rosh Hashaná.

Si no festejamos, no comemos manzana con miel ni ninguno de los manjares tradicionales, no estamos faltando a la esencia de la fecha. Mientras que si no nos esforzamos en reconocer la Soberanía Divina y como consecuencia asumir nuestra condición de súbditos, hemos fallado a la razón de ser de Rosh Hashaná.

Le deseo de todo corazón que pueda aprovechar a pleno éste Rosh Hashaná y dar comienzo a un año mejor, disfrutando diariamente del placer de reconocer la soberanía de Hashem, Rey de los reyes.

¡Shaná Tová!

Por Rab Menajem Abdeljak

6
Ago

Reé – La prueba de amor

   Publicado por: admin   en Torat Emet

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Reé – La prueba de amor
 
Por Rab Menajem Abdeljak
 
Éste Shabat anunciaremos, Beezrat Hashem, el mes de Elul, el mes de la Teshuvá. Todos comenzamos a pensar en el balance, en la corrección, en la compostura de nuestros errores, en el perfeccionamiento de nuestras virtudes. Y en estos grandes momentos, nos surge la incertidumbre: ¿Podemos revertir todo éste mal y empezar una historia limpia y pura? ¿O tal vez es sólo un delirio?
 
El Talmud (Bablí Jaguigá 15 y Ierushalmi Jaguigá 2:1) cuenta la historia de vida de Elishá ben Abuyá. Él fue un gran sabio, hasta llegó a ser maestro de Rabí Meir Baal Hanés, pero en sus últimos años abandonó el camino de la Torá, renegó de Hashem y llegó a cometer los más aberrantes pecados.
 
También perteneció a un grupo de privilegiados Kabalistas quienes, junto a Rabí Akibá, accedieron a los más íntimos secretos divinos. La causa de su desliz fue justamente la mal interpretación de una imagen a la que estuvo expuesto en dicha congregación esotérica.
 
En cierta ocasión, le pidió Elishá a su “discípulo”, Rabí Meir, su interpretación a una frase de Shelomó Hamelej en la cual compara la Torá al cristal y al oro. Éste le explicó que la intención era que el bien es arduo obtenerlo como el oro y fácil pederlo como la rotura de cristal.
 
Pero Elishá no aceptó su explicación y a cambio le ofreció la que él mismo había escuchado de Rabí Akibá que así como el vidrio y el oro se pueden reciclar, del mismo modo quién abandonó el camino de la verdad tiene siempre la posibilidad de corregirse.
 
Entonces Rabí Meir aprovechó la oportunidad y le retrucó: entonces ¿Por qué no retornas a la Torá? – Yo no puedo, afirmó Elishá. Una vez, montaba sobre mi caballo en Yom Kipur que cayó Shabat y pasé por el sitio donde estaba el Bet Hamikdash y oí una voz celestial proveniente del Kodesh Hakodashim (El lugar más sagrado del Bet Hamikdash al cual sólo ingresaba el Cohén Gadol en Yom Kipur) que decía claramente que las puertas de la Teshuvá están abiertas para todos excepto para mí.
 
Rabí Meir intentó infructuosamente persuadirlo. Entonces comenzaron a recorrer casas de estudio de Torá para niños en las cuales les peguntaban a los pequeños sobe lo que habían aprendido aquel día. (En aquella época era común dicha modalidad tomando como mensajes celestiales las respuestas de los niños). Asombrosamente, todos los chicos respondieron con versículos que reforzaban la convicción de Elishá sobre su incapacidad de enmendar su pasado y revertir sus errores.
 
En los últimos de vida de Elishá, vino Rabí Meir a visitarlo y le preguntó: ¿Aún te niegas a arrepentirte de tus errores? – ¿Y si lo hago ahora, en mis instantes finales, tiene algún valor? –Cuestionó el abatido anciano. Claro que sí – aseguró Rabí Meir – como lo dijo David Hamelej en Tehilim (90): “Instigas a retronar al hombre hasta el momento de la extinción de su alma”.
 
Es ese momento, Elishá rompió en un amargo llanto y se despidió de éste mundo. Y Rabí Meir dijo: Creo que mi maestro murió con Teshuvá.
 
Esta historia desde ya que tiene muchos aspectos que merecen ser estudiados con minuciosidad, aquí analizaremos uno de ellos. Y seremos concisos.
 
Elishá escucha una voz celestial que le dice, sin dejar lugar a dudas, que él no será aceptado. También los niños le confirmaron una y otra vez que se le niega el camino de regreso. Pero Rabí Meir insiste en que aún está a tiempo de emprender el camino de vuelta.
 
Para entender a fondo la idea, veremos un pasaje de la Perashá semanal (Debarim 13:2-4):
 
Cuando surgiese en medio de ti un profeta, o un soñador de sueños, y te diere señal o prodigio. Aunque viniere la señal o el prodigio de que él te habló, diciendo: Vayamos tras otros dioses, que no conociste, y los serviremos. No escuches las palabras de ese profeta, o de aquel soñador de sueños; pues es que Hashem, vuestro Elokim, os prueba para saber si aman a Hashem, vuestro Elokim, con todo vuestro corazón y con toda vues­tra alma.
 
Es decir, que para probar nuestra fidelidad para con Hashem, él nos pone en situaciones que nos dan lugar al error, a la confusión. Nos hace llegar mensajes e impresiones que nos den una sensación de distanciamiento irremediable. Entonces, si nos esforzamos, a pesar de los mensajes adversos, dejaremos en evidencia nuestro amor incondicional por Hashem.
 
A Elishá ben Abuyá le llega una comunicación celestial. En otros casos, como en nuestra Perashá, el aviso viene a través de un supuesto profeta. A nosotros nos llega desde nuestro interior porque entendemos o creemos que nuestro estado espiritual es complejo y difícil de revertir, en especial en lo que a consecuencias se refiere. Nos cuesta creer que todo el pasado y sus consecuencias se pueden borrar con una decisión de renovaros y abrir una página nueva.
 
Y la disolución de esta perplejidad está en comprender porqué nos embargan estas sensaciones y verificar si estos pensamientos son o no verdad.
 
Exactamente sobre éste punto nos aclara las ideas la indicación de la Torá acerca del falso visionario que habla en nombre de Hashem incitado a pecar. Y aquí encontramos porqué le permite Hashem que sus señales se cumplan y nos hagan titubear. “pues es que Hashem, vuestro Elokim, os prueba para saber si aman a Hashem, vuestro Elokim, con todo vuestro corazón y con toda vues­tra alma”.
 
Todas las dudas, incertidumbres, temores, preguntas, cuestionamientos y cualquier sinónimo o similar, no son más que para poner a prueba nuestro amor. Con la persistencia y la obstinación demostraremos a Hashem nuestro apego incondicional a Él, lo que despertará Su compasión y benevolencia hacia nosotros.
 
Shabat Shalom.
 
Por Rab Menajem Abdeljak (Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev)
16
Jul

Devarim – La manera correcta de reprochar

   Publicado por: admin   en Torat Emet

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Devarim – La manera correcta de reprochar
 
Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev
 
Moshé Rabenu se despide del pueblo de Israel en sus últimos días y decide reprenderlos por los errores de los últimos cuarenta años. Pero a pesar de ser esa su intención, se limita a mencionar los lugares donde habían hecho enojar a Hashem, para no avergonzarlos.
 
Y aún así, lo hace recién llegada la instancia de la despedida, ya que no quiere que ellos se sientan incómodos frente a él constantemente. Así lo hizo también nuestro padre Iaakob, que reprendió a sus hijos al final de su vida.
 
En Parashat Kedoshim, (Vaikrá 19:17), encontramos la Mitzvá de reprender a nuestro prójimo y quien tiene la posibilidad de reprenderlo y no lo hace, se le considera la falta también a él.
 
No obstante, dijo Rabí Akibá en el Talmud, (Erjin 17b): “Dudo que haya en esta generación alguien capacitado para reprochar”, y menos aún, diría generaciones más tarde el Rebe Najman, en nuestros tiempos (Likuté Moharán 2:8).
 
Ahora bien, ¿Será que esta Mitzvá perdió validez? Sería impensable, siendo que la Torá es eterna. Tampoco es correcto pensar que queda reservada para los Rabanim o Morim que tienen responsabilidad sobre sus alumnos, ya que todos tenemos constantemente la tarea de corregir a nuestros hijos, a veces a nuestras parejas, a algún amigo que sólo a nosotros nos escuchará.
 
Entonces, ¿qué debemos aprender para poder cumplir esta Mitzvá?
 
Explica el Rebe (Likuté Moharán 2:8), que cuando la diferencia entre la reprimenda correcta y la que no lo es, es que esta última no solamente que no sirve, sino que perjudica. Él explica que, al igual que un tacho de basura que al revolverlo saca su mal olor, lo mismo sucede al recordar al compañero y ‘revolver’ sus Averot y malas acciones, se genera ‘mal olor’ y este ‘mal olor’ debilita aún mas a la Neshamá del que recibe la reprimenda, entre otros males.
 
Opuestamente a esto, sigue explicando el Rebe, al mencionar y recordar las virtudes del compañero instándolo a aumentar en esas preciosas acciones y actitudes que él bien conoce, sabe y puede, se desprende el ‘rico aroma’ de sus Mitzvot y buenas acciones y esto lo revitaliza y lo incentiva aún más a seguir en ellas y tratar de mejorar, al igual que cuando se abre y agita un frasco de perfume su aroma se disemina por el ambiente.
 
Mirar únicamente el aspecto positivo y dejar de lado el negativo puede parecer un engaño, pero no es así. En realidad, todos estamos llenos de virtudes, pero los defectos parecen ser muy grandes, como el humo que llama nuestra atención en los actos de magia, que nos impiden ver lo que sucede por detrás; pero si logramos ver que hay más allá del humo, nos damos cuenta que es sólo un truco. Lo mismo sucede cuando juzgamos a nuestros semejantes e incluso a nosotros mismos, el Ieser Hará hace un ‘show de magia’, con humo, explosiones, efectos especiales, que distraen nuestra atención de la realidad y dejamos de percibir lo que sucede por detrás, nos concentramos en el ‘humo’ de las Averot, errores o malas acciones y no vemos que en realidad por detrás hay un sinfín de Mizvot, grandes y buenas acciones y hermosas virtudes. Y al igual que el humo al final del show, todas las Averot van a desvanecerse.
 
* * *
 
Otro requisito que nombra también el Rebe para que la reprimenda sea efectiva, es no perseguir ningún otro propósito, más que el bien del otro. No para hacerse notar, para no sentirnos fracasados como padres, esposos, amigos o para calmar nuestra conciencia diciéndole al otro su error, etc., sino únicamente deseando hacer un Jesed (favor) con nuestro compañero.
                                                                   
A fin de ejemplificar cuan importante es esta condición de estar genuinamente interesado en el bien del tercero al momento de pretender influenciar, es del caso citar la siguiente anécdota sobre el Jafetz Jaím:
 
Sucedió con un ex alumno de la Ieshivá del Jafetz Jaim, que luego de dejar la Ieshivá, abandonó también el camino de la Torá y se dedicó de lleno a los negocios. Al cabo de algunos años, había prosperado mucho y se había convertido en una persona muy adinerada.
 
En un momento, se enteró que la Ieshivá estaba pasando momentos muy difíciles, y se presentó ante el Jafetz Jaim con una importante donación.
 
Al ver la importante donación, el Jafetz Jaim comienza a llorar de una manera desconsolada. El hombre entiende que el llanto era debido a que la situación de la Ieshivá era muy grave y que el dinero que le había ofrecido era insuficiente, por lo que decide aumentar su dádiva. Pero no solo que el llanto del Jafetz Jaim no se calmó, sino que se incrementó.
 
Consternado, el hombre le pregunta al Rab a qué se debe su llanto, a lo que el Jafetz Jaim le respondió: “Hijo mío, lloro del dolor de pensar que estas manos que hacen tantas Tzedaká tendrán que ser castigadas por profanar el Shabat”.
 
Al escuchar esto el hombre, entendió cuan dolido estaba el Rab y asumió sobre sí el compromiso de volver a cuidar Shabat.
 
* * *
 
Otra forma de influenciar al prójimo, es hablando Diburé Emuná (palabras de fe); Emuná en Hashem, Emuná en la Torá y Emuná en los Sadikim. Esto despierta también el deseo de crecer y corregirse.
 
Shabat Shalom.
 
Basado en las enseñanzas del Rebe Najman de Breslev. Adaptado por Ariel Laniado
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